La estrategia climática empresarial: un reto de negocio y competitividad

La estrategia climática se ha convertido en un desafío crucial para las empresas, impulsadas por la normativa, sus grupos de interés y los riesgos climáticos. Resulta esencial anticiparse a esta transición para lograr transformar en oportunidad lo que hoy muchos actores económicos aún perciben como una limitación. Combinar la estrategia climática con la estrategia empresarial es vital para su sostenibilidad y puede generar múltiples beneficios, como resiliencia, nuevas oportunidades y ventaja competitiva.

Thomas Guyot
Chief Strategy Officer
Publication : 
27.05.2024

La estrategia climática ya no es un concepto aislado dentro de las empresas, gestionado por un equipo sin poder de decisión. Se ha convertido en un desafío real. Un desafío ante la presión ejercida por los grupos de interés de la empresa. Un desafío ante la presión normativa. Un desafío debido a los riesgos que el calentamiento global supone para las actividades de la empresa.

No tiene sentido engañarse. Todas las empresas tendrán que, tarde o temprano, embarcarse en la definición y el despliegue de una estrategia climática.

Ahora depende de ellas decidir si quieren sufrir la transición o anticiparse a ella. Convertirla en una limitación o en una fortaleza.

La mayoría de los actores económicos son plenamente conscientes de la urgencia y ya han puesto en marcha una estrategia climática. Sin embargo, los objetivos que se fijan, por muy loables que sean, rara vez se alcanzan.

No es que a las empresas les falte ambición. Los objetivos suelen fijarse según criterios establecidos por organismos externos o acuerdos internacionales. Pero estas estrategias adolecen de varias carencias. Puede tratarse de una falta de adecuación entre los objetivos fijados y las prioridades comerciales de la empresa. También puede ser un problema de asignación de recursos, insuficientes o mal optimizados. 

Para que una estrategia climática sea aplicable, puede y debe responder a desafíos de negocio. Debe construirse y gestionarse de tal manera que permita a la empresa convertirla en uno de los pilares de su desarrollo actual y futuro.

¿Por qué desarrollar una estrategia climática empresarial?

Realizar la transición del modelo de desarrollo resulta costoso.

Efectivamente, suele ser así. No obstante, en un mundo en profunda transformación, es inevitable. Pero una estrategia climática no debe verse como un gasto. Es, ante todo, una inversión.

Una inversión que aporta beneficios concretos para la empresa y que le permitirá consolidar su modelo y perdurar en el tiempo. Haciéndola más resiliente frente al cambio climático. Diseñando nuevas oportunidades de negocio. Construyendo una verdadera ventaja competitiva.

Un acceso facilitado a la financiación

Cada vez son más los actores de los mercados financieros que tienen en cuenta las políticas medioambientales de las empresas en sus estrategias de inversión. Este fenómeno se ve amplificado por numerosas normas y regulaciones destinadas a aumentar la transparencia de las empresas en materia financiera y extrafinanciera, así como la de las carteras de los gestores de fondos.

En el seno de la Unión Europea, este es el caso del SFDR y de la taxonomía verde. Dos normativas que tienen como objetivo asignar mejor los recursos financieros redirigiéndolos hacia empresas y actividades con un impacto positivo en el medio ambiente. Estas regulaciones son elementos clave del Pacto Verde Europeo y deben permitir financiar la transición de la Unión Europea para el año 2050.

En cuanto a las normas internacionales, la puntuación establecida por el CDP es uno de los elementos que los inversores internacionales exigen y analizan con regularidad. Permite evaluar el nivel de compromiso de una empresa en materia medioambiental en sentido amplio y la seriedad de su estrategia climática.

ElISSB , por último, una serie de normas internacionales de información no financiera, se creó específicamente para satisfacer las necesidades de los inversores en cuanto a la transparencia de las políticas medioambientales de las empresas. Hoy en día, se considera una referencia en materia de informes no financieros para muchos países de todo el mundo.

El objetivo no es solo favorecer a las empresas ambiciosas que han asumido compromisos firmes y los cumplen, sino también estimar su capacidad de adaptación al calentamiento global y su resiliencia frente a los cambios que esto implicará desde un punto de vista económico.

Nuevas oportunidades de negocio

Los inversores no son los únicos que tienen en cuenta la estrategia climática de las empresas.

Las licitaciones, tanto públicas como privadas, integran cada vez más criterios de selección relacionados con los compromisos climáticos de las empresas. Estos criterios adoptan formas variadas, desde la simple realización de un balance de emisiones de GEI hasta un compromiso concreto para reducir la huella de carbono. Otras, como la SNCF, aplican un precio por tonelada de carbono emitido que se añade a la propuesta comercial final, permitiendo así transformar este dato no financiero en un dato financiero.

Entre los criterios de RSC que se solicitan habitualmente en las licitaciones actuales, encontramos:

  • los compromisos asumidos por la marca (trayectoria SBTi, calificación CDP...)
  • el impacto climático (balance de carbono en alcances 1 a 3 como mínimo)
  • la capacidad de adaptación al cambio climático y el plan de acción
  • los medios asignados al plan de acción (recursos humanos y financieros)
  • gobernanza: integración de las cuestiones de RSC en el proceso de gobernanza y gestión del plan de acción

Implementar una estrategia climática permite anticiparse a estas demandas, crear nuevas oportunidades de negocio e incluso obtener una verdadera ventaja competitiva.

La inclusión de criterios medioambientales en la adjudicación de contratos es un fenómeno que no hará más que intensificarse con el tiempo. Las empresas, especialmente los grandes grupos, están sujetas a normativas cada vez más estrictas en materia de informes climáticos, empezando por la CSRD en la Unión Europea. Paralelamente, deberán reducir su impacto siguiendo objetivos claros y un calendario preciso. Sin embargo, según el CDP, de media, el 75% de las emisiones de las empresas provienen de su alcance 3. Para reducirlas, deberán aumentar la presión sobre sus proveedores y prestadores de servicios. El objetivo es generar un efecto dominó que impulse a todos los agentes económicos a tomar medidas a favor del clima mediante la ejecución de su propio plan de transformación empresarial.

Un modelo adaptado a la evolución del mercado

Según un estudio realizado por Ipsos para la Comisión Europea, en 2022, el 56% de los consumidores de la Unión Europea tiene en cuenta factores medioambientales al comprar productos o servicios. Incluso un 20% tiene en cuenta este tipo de criterios en la totalidad de sus compras.

Algunos sectores están más afectados que otros por estas nuevas exigencias, empezando por el de la automoción, conocido por ser uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero.

La toma de conciencia sobre los retos climáticos va acompañada de nuevas exigencias de los consumidores y cambios estructurales en los hábitos de consumo. Cada vez más empresas son objeto de campañas de presión o boicot relacionadas con el impacto de sus actividades en el clima, y esto ocurre en todos los sectores (agroalimentario, textil, transporte, turismo, etc.).

A esto se suman nuevas normativas nacionales y europeas que limitan la posibilidad de que las empresas recurran al lavado de imagen verde o greenwashing.

Para cumplir con estas exigencias y responder al reto climático, las empresas a menudo deben innovar y replantearse profundamente su modelo de producción y distribución. Es la oportunidad de realizar una transición que solo puede ser beneficiosa, permitiéndoles construir una nueva ventaja competitiva y adaptarse a un nuevo entorno económico. Encontrar las soluciones que les permitan satisfacer las necesidades de sus clientes es la garantía de asegurar su sostenibilidad.

¿Cómo elaborar una estrategia climática?

La implementación de un plan de acción climática empresarial requiere seguir ciertos pasos clave para estructurar su estrategia y fijar objetivos alcanzables, idealmente basados en fundamentos científicos como propone el método de la SBTi.

Mida su huella de carbono

La primera fase consiste, evidentemente, en realizar un diagnóstico de su huella de carbono actual. Se trata principalmente de un trabajo de recopilación de datos en toda su cadena de valor, lo que se denomina los alcances 1, 2 y 3. A cada dato recopilado se le aplicará un factor de emisión que permitirá estimar la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos por cada uno de estos puntos de datos y transformarlos en equivalente de carbono. Un factor de incertidumbre permitirá, además, estimar el nivel de fiabilidad de la medición.

Este ejercicio requiere un enfoque riguroso, ya que puede volverse complejo rápidamente, especialmente durante la primera vez. Los datos suelen contarse por miles y están repartidos entre todos sus centros de producción, departamentos y partes interesadas (proveedores, prestadores de servicios, etc.).

El uso de un archivo Excel alcanza rápidamente sus límites, sobre todo en el marco de la implementación de una estrategia climática que busca comparar estos datos año tras año y reducirlos. Por lo tanto, se recomienda encarecidamente apoyarse en herramientas que faciliten tanto la recopilación como el procesamiento de los datos.

Desarrolle un plan de acción para reducir su huella de carbono

Una vez medidas sus emisiones de GEI, el siguiente paso es analizar estos datos para identificar sus principales fuentes de emisiones y aquellas en las que tiene mayor margen de maniobra, con el fin de determinar sus ejes de acción principales.

Este primer análisis le permitirá fijar objetivos, un cronograma y un presupuesto. Algunas acciones pueden tener efectos rápidos con soluciones sencillas, mientras que otras requieren esfuerzos a lo largo de varios años. Por ello, es esencial establecer una planificación e identificar a los responsables de la ejecución operativa de su plan climático en sus diferentes áreas de emisión de GEI.

Como mencionamos anteriormente, para muchas empresas la gran mayoría de sus emisiones provienen del alcance 3, es decir, de su cadena de valor ascendente y descendente. La reducción de su huella de GEI deberá, en este caso, pasar por conversaciones con sus proveedores y prestadores de servicios para encontrar formas de reducir el impacto de carbono de sus actividades. Esto puede implicar, por supuesto, un cambio de proveedor.

Haga un seguimiento de los resultados de sus acciones y ajuste su estrategia climática

La última etapa de su estrategia climática empresarial es, evidentemente, realizar un seguimiento de los resultados de sus acciones y ajustar su plan a medida que se desarrolla.

En un mundo ideal, sus emisiones seguirían de forma totalmente lógica su plan de acción. En la realidad, la actividad de una empresa está necesariamente sujeta a una gran cantidad de factores endógenos y exógenos que impactarán inevitablemente en su huella de carbono y requerirán ajustes continuos. Puede tratarse de la adquisición de una nueva estructura, una evolución en el mercado de las materias primas o cambios en los costes que afectarán a sus planes de inversión.

Un sistema de cuadros de mando le facilitará la tarea al permitirle seguir su plan de acción de manera granular durante varios años y ajustar sus medidas para favorecer el cumplimiento de los objetivos fijados, tanto en la dimensión operativa como en los Capex y Opex que deben movilizarse para llevar a cabo su hoja de ruta.

¿Es posible rentabilizar una estrategia climática?

La implementación de un plan de acción para reducir el impacto ambiental requiere necesariamente inversiones. El primer temor de los directivos es, por tanto, no ser capaces de rentabilizar dichas inversiones. Las acciones llevadas a cabo a favor del clima se perciben, así, únicamente como un coste para la empresa.

Esta es una de las razones por las que la RSC ya no puede evolucionar de forma aislada dentro de las empresas y por las que estos temas se tratan cada vez más en colaboración con las direcciones financieras, o incluso directamente por ellas.

Un plan climático, si se gestiona correctamente, puede resultar muy rentable. Indirectamente, gracias a las nuevas oportunidades de mercado que ofrece a la empresa. Directamente, al permitir la optimización de los recursos o la modernización de las herramientas de producción.

Otro indicador que debe tenerse en cuenta es el coste de la inacción. Del mismo modo, mantener una actitud expectante puede perjudicar directa o indirectamente el rendimiento de la empresa.

Por último, es necesario tomar decisiones en función de los recursos disponibles. Aunque las medidas de sobriedad suelen ser las menos costosas y las más fáciles de implementar, generalmente son también las que tienen un menor impacto en las emisiones de GEI de la empresa. Por el contrario, las acciones que requieren inversiones más importantes son las que tendrán un mayor impacto en los niveles de emisiones de carbono.

Por tanto, es necesario establecer una gestión financiera del plan de descarbonización. Actualmente, según el CDP, solo el 3% de las empresas es capaz de proporcionar datos creíbles sobre la planificación financiera de su transición hacia una economía baja en carbono.

Sin embargo, tener una visión financiera clara del plan de transición ofrece numerosas ventajas. Permite: 

  • establecer una trayectoria de carbono con objetivos y plazos claros
  • convencer más fácilmente a la dirección de la empresa de la necesidad de las acciones a emprender e integrar los temas climáticos en la gobernanza corporativa
  • anticipar y asignar mejor los recursos financieros necesarios para la ejecución del plan climático y, por tanto, pasar a la acción con mucha mayor rapidez
  • identificar las palancas más eficaces mediante un equilibrio entre costes y resultados en términos de reducción de emisiones de GEI y posibles beneficios financieros

El módulo financiero integrado en nuestra plataforma de gestión de carbono permite modelizar el impacto financiero de las acciones de descarbonización, establecer trayectorias claras y obtener una estimación precisa de las inversiones necesarias para su implementación.

Conclusión

La implementación de una estrategia climática debe verse como una oportunidad para las empresas. De hecho, suele ser un proceso esencial para garantizar la sostenibilidad de su actividad. Permite perseguir objetivos a la altura de los desafíos internacionales, sirviendo de referencia para numerosos actores económicos.

La clave reside en reconciliar los datos financieros y los de carbono. Para ello, es necesario, ante todo, alinear la estrategia climática con la estrategia empresarial. Una medición rigurosa de la huella de carbono, combinada con un análisis financiero, permite identificar y desplegar acciones de alto impacto para la descarbonización.

Las empresas que perdurarán en el tiempo han comprendido hoy que es necesario situar la estrategia de negocio y la estrategia climática al mismo nivel.