Aunque el informe de sostenibilidad pudo parecer en su momento un ejercicio normativo costoso y restrictivo más que rentable, hoy en día la realidad es muy distinta. Según la 13ª edición del estudio de Tennaxia «CSRD y Omnibus: ¿En qué punto se encuentran las empresas respecto al reporting ESG?», el 83% de las empresas que quedarían fuera del alcance de la CSRD prevén publicar un informe de forma voluntaria. ¿Por qué? Porque ante los cambios económicos, climáticos y sociales, estas recopilaciones de datos extrafinancieros se han convertido en una herramienta de gestión estratégica esencial, tanto para la empresa como para sus financiadores.
¿Qué es un informe de sostenibilidad?
Un informe de sostenibilidad (o reporting RSC / ESG) agrupa indicadores ESG clave: modelo de negocio, estrategia de RSC, gobernanza, riesgos de sostenibilidad, indicadores de emisiones de gases de efecto invernadero, igualdad profesional, condiciones laborales, impacto local, etc. Este documento permite evaluar la huella global de la empresa más allá de su rendimiento financiero y realizar un seguimiento de sus avances mediante indicadores estructurados.
La Declaración de Rendimiento Extrafinanciero (DPEF), lanzada en Francia en 2017 como transposición de la directiva europea de 2014 sobre divulgación de información no financiera (NFRD), ya obligaba a las grandes empresas a publicar anualmente información sobre cuestiones medioambientales, sociales, de derechos humanos, lucha contra la corrupción y gobernanza. El objetivo era reforzar la transparencia en RSC y ofrecer a las partes interesadas una visión estructurada de los impactos no financieros de la empresa, con una verificación obligatoria por parte de un tercero para las entidades de mayor tamaño. La directiva europea CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive), adoptada para sustituir y reforzar la NFRD, transforma la DPEF en un «informe de sostenibilidad» a partir de los ejercicios 2024-2028, según el tamaño y tipo de empresa (el umbral de 1000 empleados y 450 millones de euros de facturación se estableció finalmente el martes 16 de diciembre de 2025). Esta directiva formaliza el concepto de «doble materialidad» como base para la elaboración de los informes: el documento deberá incluir información de la empresa relativa a los impactos, riesgos y oportunidades ESG en los temas identificados como importantes («materiales»).
¿Para qué sirve un informe de sostenibilidad?
Más allá del cumplimiento normativo para las empresas sujetas a la CSRD (o para aquellas que podrían estarlo en los próximos años, dado que la directiva europea Omnibus, que modifica los umbrales de la CSRD, incluye una cláusula de revisión), el informe de sostenibilidad es, ante todo, una herramienta de gestión estratégica. Representa la visión a largo plazo de una empresa y el balance de la gestión de sus impactos, riesgos y oportunidades relacionados con la adaptación al cambio climático y las expectativas sociales. Publicar un informe significa compartir esta hoja de ruta con total transparencia ante las partes interesadas. Las instituciones financieras integran ahora los criterios ESG en sus decisiones, lo que hace que las empresas transparentes sean más atractivas para los inversores responsables y los fondos verdes. Esto abre la puerta a una financiación con costes reducidos y mejora las calificaciones en las agencias especializadas. Tanto a nivel interno como externo, el reporting ESG es un instrumento de diálogo con los grupos de interés y de refuerzo de la credibilidad de la empresa.
La doble materialidad, una palanca de anticipación y resiliencia
¿Cómo abordar entonces la publicación de un informe pertinente, fiel a los retos de la empresa y que sirva a sus intereses? Aquí es donde entra en juego el análisis de doble materialidad. Solo identificando y evaluando la importancia de sus impactos, la empresa puede gestionarlos eficazmente e iniciar su transición hacia un modelo sostenible. En un contexto de cambio climático y atención a los Derechos Humanos, es también una forma de identificar y comprender sus dependencias y de anticipar riesgos y oportunidades a lo largo de su cadena de valor. Una empresa que realiza un análisis de doble materialidad estará mejor preparada para las transformaciones económicas, normativas y sociales, siempre y cuando los temas ESG cuenten con una gobernanza organizada y estén integrados en la estrategia global.

Las aportaciones y los límites de la CSRD
Si bien la CSRD tiene el mérito de haber situado la doble materialidad en el centro de la identificación de los retos para lograr una mayor relevancia, su complejidad de implementación ha supuesto un obstáculo para muchas empresas: carga de trabajo, fiabilidad de los datos, plazos ajustados... El trabajo de simplificación iniciado por la directiva Omnibus permitirá reducir esta complejidad, manteniendo al mismo tiempo un estándar de reporting europeo comparable y fiable.
Esa es también la intención de la VSME. Esta norma de reporte (creada por el EFRAG, al igual que las normas ESRS de la CSRD) se lanzó en 2024 para las empresas más pequeñas (microempresas, pymes y empresas de mediana capitalización). Aunque los informes basados en esta norma serán voluntarios y la auditoría no será obligatoria, permitirán que los distintos actores económicos europeos hablen el mismo lenguaje ESG y reducirán las solicitudes de información adicional, que actualmente consumen mucho tiempo para estas empresas. Las compañías son conscientes de ello, ya que, según la 13.ª edición del estudio anual de Tennaxia, hoy en día, más allá de cumplir con una posible normativa, el 89% de las empresas utiliza la información ESG para responder a las demandas de sus grupos de interés.
¿Qué beneficios concretos aporta a las empresas?
Según el análisis de la Revue Française d’Économie et de Gestion en su artículo «Exploring the Link Between ESG Integration and Financial Performance» (metaanálisis de 37 estudios publicado en agosto de 2025) y a pesar de ciertas limitaciones, como la heterogeneidad de las definiciones y las disparidades metodológicas, la investigación confirma que los criterios ESG no son solo una cuestión de reputación, sino un motor estratégico para el rendimiento sostenible. Los informes no financieros ofrecen orientaciones valiosas a gestores, inversores y responsables de la toma de decisiones que desean alinear los objetivos financieros con los de sostenibilidad.
Las empresas que organizan la gobernanza de sus cuestiones ESG y publican informes de sostenibilidad para compartir sus avances disfrutan de una ventaja competitiva diferenciadora y de una mayor credibilidad ante los inversores (ya que la falta de un informe de sostenibilidad limita actualmente el acceso a ciertas licitaciones y a la financiación europea), así como ante clientes cada vez más atentos a los valores de las marcas que eligen.
En cuanto a los recursos humanos, atraer (y retener) talento cualificado resulta más sencillo: según un estudio de Michael Page de 2023, el 64% de los candidatos considera los compromisos de RSC de la empresa como un factor importante al postularse. Esta tendencia es especialmente notable entre los jóvenes graduados, que buscan empleadores alineados con sus valores y preocupaciones medioambientales. Esta visibilidad también posiciona a la empresa como un líder innovador.
El ejercicio de reporte también fomenta un mapeo detallado de los procesos, revelando ganancias de eficiencia mediante la optimización energética o ahorros en materias primas, por ejemplo. Estimula la innovación al promover modelos circulares o productos bajos en carbono. Ante futuras normativas como la Directiva sobre diligencia debida de las empresas en materia de sostenibilidad (CSDDD), las empresas que se anticipen evitarán riesgos en la cadena de suministro y sabrán aprovechar las subvenciones europeas del plan NextGenerationEU. Las pymes pueden transformar el ejercicio de reporte en una fuente de decisiones basadas en datos y de resiliencia operativa.
Si cada vez más normativas mundiales imponen hoy esta obligación de transparencia, es también para llevar a las empresas a diseñar una visión a largo plazo de su modelo de negocio y su alineación con las estrategias nacionales de resiliencia y mitigación del cambio climático.

En resumen, el informe no financiero ya no es solo una herramienta de comunicación, sino una oportunidad estratégica clave para reforzar la competitividad, atraer capital y construir una resiliencia a largo plazo, especialmente en un contexto de riesgos climáticos y marcos normativos en constante evolución.





