Hoy está claro que el modelo que instaba a las empresas a limitar sus iniciativas ESG al ámbito interno ya no es adecuado. La mayoría de los mecanismos de medición de la huella de carbono y del desempeño ESG integran la cadena de valor de las empresas en sus modelos de reporte.
Con el endurecimiento de normativas como la CSRD (Directiva sobre información corporativa en materia de sostenibilidad) o la CSDDD (Directiva sobre diligencia debida de las empresas en materia de sostenibilidad) y el aumento de las expectativas de las partes interesadas, resulta aún más crucial para las empresas integrar toda su cadena de suministro en una estrategia ESG.
Por otra parte, los riesgos ESG —especialmente los ambientales— ya no son simples proyecciones a largo plazo, sino realidades tangibles que afectan directamente a las empresas. Las recientes inundaciones en el norte de Francia o el ciclón en Mayotte han impactado numerosas actividades, poniendo en aprietos a cadenas de suministro completas. Estos eventos ilustran la creciente vulnerabilidad de las empresas ante el cambio climático y subrayan la urgencia de una transición hacia modelos más resilientes y sostenibles.
Sin embargo, involucrar a los proveedores en esta dinámica representa un verdadero desafío: ¿cómo incentivarlos a adoptar prácticas sostenibles sin comprometer el rendimiento económico? ¿Cómo conjugar las exigencias ambientales, la responsabilidad social y la competitividad?
Evaluar y seleccionar proveedores
El primer paso para implementar una estrategia ESG que involucre a su cadena de suministro es realizar un diagnóstico de sus proveedores actuales. Se trata de evaluarlos según criterios ESG, identificar qué procesos actuales permiten cumplir con sus objetivos, cuáles requieren acompañamiento para lograrlo y para cuáles no tendrá más remedio que buscar una alternativa.
Mapear los riesgos ESG
La revisión integral de su ecosistema de proveedores debe permitirleidentificar a los que corren mayor riesgo. Por ello, ciertas categorías suelen estar más expuestas a riesgos ambientales y sociales. Entre ellas encontramos industrias como la textil, la agricultura o las industrias extractivas, que son especialmente sensibles a problemas de contaminación, deforestación o explotación laboral.
Para ello, puede apoyarse en herramientas de mapeo de riesgos sectoriales que permiten evaluar a los proveedores prioritarios y adaptar las exigencias ESG según su nivel de riesgo.
Sin embargo, un desafío importante reside en la recopilación de datos ESG dentro de las cadenas de suministro complejas. Si bien obtener información de los proveedores de nivel 1 y 2 suele ser factible, resulta mucho más complicado acceder a los datos de los proveedores de niveles 3, 4 o 5, a menudo ubicados en el extranjero. Esta dificultad puede superarse mediante herramientas de trazabilidad reforzada y asociaciones con organismos externos especializados en la certificación de cadenas de valor.
Integrar criterios ESG en el proceso de selección de sus proveedores
Para iniciar el proceso de evaluación de sus proveedores, podrá integrar criterios ESG desde la fase de selección de sus proveedores. Para ello, puede basarse en ciertos marcos de referencia como la norma ISO 26000, dedicada a la responsabilidad social corporativa, o la norma ISO 20400, dedicada a las compras responsables.
También tiene la posibilidad de consultar la información detallada en los informes no financieros de sus proveedores. La mayoría de ellos cubren el espectro ambiental y algunos, como la CSRD europea o el GRI, también integran criterios sociales y de gobernanza.
Por último, se pueden realizar auditorías in situ para verificar el cumplimiento de los proveedores con sus requisitos ESG e identificar posibles puntos de mejora.
Comunicar y sensibilizar a sus proveedores
Involucrar a sus proveedores en su estrategia ESG no pasa únicamente por procesos que algunos podrían considerar coercitivos. Se trata también de un proceso que requiere diálogo y acompañamiento.
Transparencia y diálogo
Una política ESG eficaz se basa en una comunicación clara y transparente con sus proveedores. Es necesario comunicar con antelación sus requisitos y objetivos en materia de criterios ESG para que los actores que conforman su cadena de suministro puedan alinearse con ellos.
Publicar un informe de sostenibilidad es un paso fundamental para comunicar de forma pública y transparente su hoja de ruta y los recursos que ha destinado a ella.
Sin embargo, es importante tener en cuenta la carga administrativa que esto puede suponer para los proveedores, especialmente para las pymes y empresas de mediana capitalización, que deben responder a numerosos cuestionarios ESG de distintos clientes. Esta labor, a menudo percibida como compleja y lenta, requiere movilizar recursos de los que no siempre disponen. Una solución podría ser el uso de plataformas compartidas para simplificar la recopilación de datos o incluso la armonización de los criterios ESG entre empresas apoyándose en ciertos estándares de información no financiera.
Además, puede publicar un código de conducta para proveedores que especifique sus expectativas en cuanto al respeto de los derechos humanos y el impacto medioambiental.
Acompañar y formar
Cada proveedor, en función de su tamaño, sector de actividad y ubicación, tiene un mayor o menor grado de concienciación sobre los retos sociales y medioambientales. Al ofrecer formación o sesiones dedicadas a la gestión de riesgos medioambientales o al respeto de los derechos humanos podrá asegurarse de que cuenten con el mismo nivel de información y, por tanto, sean capaces de cumplir con sus expectativas.
También puede poner a su disposición herramientas y recursos técnicos como guías sectoriales o plataformas de evaluación.
No obstante, conviene adaptar estas formaciones a las realidades locales. Si bien en Europa y Occidente la formación en estas materias es más fácilmente aplicable, a menudo resulta mucho más complejo instaurar este tipo de enfoque en ciertos países donde algunas exigencias ESG, especialmente en materia de derechos humanos, pueden no tener una repercusión inmediata. En estos casos, es esencial adoptar un enfoque progresivo y adaptado a los contextos locales.
Implementar una política de compras responsables
Las políticas de compras responsables buscan alinear la estrategia de aprovisionamiento de la empresa con sus compromisos ESG. Más allá de una simple implicación de sus proveedores en su estrategia ESG, buscan comprometerlos a largo plazo y, de este modo, asegurar su plan de acción.
Por lo general, se observan dos enfoques en la relación cliente-proveedor:
- Un enfoque contractual estricto, como el que practican las grandes empresas del CAC 40, con exigencias estrictas y penalizaciones en caso de incumplimiento.
- Un enfoque cooperativo, más común en las empresas medianas, donde el objetivo es identificar los riesgos y trabajar conjuntamente con los proveedores para mejorar sus prácticas.
Cada empresa debe elegir el enfoque que mejor se adapte a su modelo de negocio y a su estrategia ESG.
Contractualizar su estrategia ESG
Comprometer a los proveedores a menudo requiere pasar por la fase de contractualización. Esto implicaincluir cláusulas ambientales y sociales en los contratos que firme con ellos. Estas cláusulas pueden incluir la selección de materiales sostenibles, la adopción de prácticas de ecodiseño, compromisos en materia de protección del medio ambiente o respeto a los derechos humanos, o incluso objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero alineados con el Acuerdo de París.
Al colaborar con proveedores comprometidos, no solo podrá asegurar su cadena de suministro, sino también fomentar la innovación y la competitividad. El desarrollo de asociaciones a largo plazo basadas en valores comunes refuerza la resiliencia de la empresa frente a los desafíos ambientales y sociales futuros.
Integrar un precio interno del carbono
En la dimensión estrictamente ambiental, cada vez más empresas han optado porintegrar un precio interno del carbono en sus criterios de selección de proveedores.
El precio del carbono es una herramienta estratégica para incentivar a los proveedores a reducir sus emisiones de GEI. Un desafío aún más crucial si tenemos en cuenta que el alcance 3 representa, de media, el 75 % de las emisiones totales de las empresas según el CDP. Al integrar un coste interno del carbono en sus decisiones de compra y priorizar a los proveedores con una menor huella de carbono, las empresas podrán acelerar su transición ecológica.
Un enfoque habitual consiste en fijar un precio por tonelada de CO2 durante las licitaciones. Las ofertas de los proveedores se evalúan entonces teniendo en cuenta un coste adicional vinculado a las emisiones generadas, lo que influye en las decisiones de compra a favor de las soluciones más sostenibles. Este método de cálculo permite integrar el coste medioambiental en la estrategia de aprovisionamiento y acelerar la transición hacia una cadena de valor más ecológica.
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Establecer objetivos y medir el progreso
Emprender un proceso ESG no significa que deba cambiar de proveedores para seleccionar otros nuevos que se adapten mejor a sus expectativas sociales y medioambientales.
El proceso requiere involucrar a sus proveedores, o al menos a aquellos que puedan y deseen hacerlo, y establecer un proceso de mejora continua. Su desempeño ESG y el de sus proveedores están estrechamente vinculados y, por tanto, deben evolucionar al unísono.
Para ello, es necesario fijar objetivos comunes y acordar los indicadores que se van a seguir para medir el cumplimiento de dichos objetivos. Estos no solo permitirán realizar un seguimiento de sus progresos y los de sus proveedores, sino también identificar las áreas de mejora de ambas partes.
El informe no financiero sigue siendo la herramienta clave para garantizar un seguimiento claro y detallado de los progresos realizados y de los objetivos futuros. Es el garante de una mayor transparencia y refuerza el compromiso de las partes interesadas. Permite a sus proveedores tener una visión a largo plazo, construir un camino de transición sostenible, asegurar su resiliencia y aumentar su competitividad.
El deber de diligencia: una obligación normativa
Cabe señalar que, más allá de las iniciativas voluntarias, en ciertos países, las empresas deben cumplir con obligaciones normativas en materia de diligencia ambiental y social en toda su cadena de suministro. Se trata del concepto de “deber de diligencia” o “due diligence”.
En Francia, la ley N° 2017-399 impone un deber de diligencia ambiental y social para las empresas francesas de más de 5 000 empleados y las empresas extranjeras con más de 10 000 empleados en territorio francés. Este deber de diligencia se aplica a sus actividades y a las de sus filiales y socios comerciales.
En Alemania, la ley LkSG establece un deber de diligencia similar para las empresas de más de 1 000 empleados.
Este deber de diligencia debería extenderse a todos los países de la Unión Europea entre 2027 y 2029 a través de la directiva CSDDD y, a largo plazo, afectará a las empresas europeas de más de 5 000 empleados que facturen más de 450 millones de euros, así como a las empresas no europeas que facturen más de 450 millones de euros en el territorio de la UE.
En el marco de la CS3D, las empresas deberán:
- Identificar y prevenir los riesgos ESG en su cadena de suministro.
- Implementar un plan de diligencia que permita prever, mitigar o poner fin a las incidencias sobre el medio ambiente o los derechos humanos.
- Adoptar un plan de transición alineado con los objetivos del Acuerdo de París.
Con estas normativas, las empresas deberán reforzar sus mecanismos de control y seguimiento de proveedores, especialmente mediante auditorías más frecuentes y estrictas, así como con una obligación de transparencia en cuanto a los datos ESG.
Cabe destacar, sin embargo, que la directiva está siendo revisada por la Comisión Europea y podría ver reducidas sus exigencias y pospuesta su aplicación.
Conclusión
Involucrar a los proveedores en un enfoque ESG ya no es una opción, sino una necesidad estratégica. Al integrar criterios ambientales y sociales en sus procesos de compra, establecer un diálogo constructivo y apoyarse en palancas como el precio del carbono, las empresas refuerzan su propia resiliencia y competitividad, así como la de sus proveedores.
Ante la emergencia climática y las crecientes expectativas de las partes interesadas, adoptan un enfoque proactivo en materia de responsabilidad ambiental y social, posicionándose como referentes en su mercado, mejor preparados para afrontar los retos futuros y, por tanto, para atraer a clientes e inversores.
Paralelamente, con la evolución de normativas como la directiva CSDDD, este enfoque se convierte también en un imperativo legal. Pero más que una carga, debe verse sobre todo como una oportunidad de innovación y diferenciación, contribuyendo a una transición sostenible y a la viabilidad de las empresas.





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