🔎 Puntos clave
🔎 Puntos clave
- A pesar de la incertidumbre creada por Omnibus, la elaboración de informes ESG sigue sólidamente arraigada, con un 83 % de las empresas que potencialmente quedaron fuera del ámbito de la CSRD manteniendo sus informes de forma voluntaria.
- La ESG se percibe ahora como una palanca de resiliencia y transformación estratégica, más que como una carga normativa, para gestionar los riesgos, el rendimiento y el atractivo financiero.
- La gobernanza ESG se ha estructurado considerablemente, con una mayor implicación de las direcciones financieras y de compras, lo que refleja una consideración más amplia de la cadena de valor.
- La calidad y fiabilidad de los datos, especialmente los de carbono, siguen siendo el principal desafío, lo que impulsa a las empresas a reforzar su gobernanza de datos y sus herramientas, independientemente del calendario normativo.
La 13.ª edición del estudio anual de Tennaxia sobre las prácticas de información no financiera de las empresas se publica en un contexto normativo sin precedentes. Mientras la Corporate Sustainability Reporting Directive (CSRD) se preparaba para modificar profundamente el panorama de la sostenibilidad, la inesperada introducción de la directiva Omnibus a principios de 2025 ha cambiado las reglas del juego. Al posponer la obligación de publicación hasta 2028 (sobre los datos de 2027) para la segunda oleada de empresas y proponer un posible aumento del umbral de presentación (a 1000 empleados, frente a los 250 iniciales), Omnibus ha generado un periodo de incertidumbre.
Sin embargo, lejos de presenciar una desvinculación generalizada, el análisis revela un hecho significativo: la información no financiera goza de una salud sorprendentemente buena. A pesar de las tentaciones de retroceso y el pesimismo ambiental, la utilidad de los informes ESG ha alcanzado un consenso dentro de las organizaciones, consolidándose como parte fundamental de la gestión del rendimiento y la resiliencia del modelo de negocio.
Nuestro estudio, realizado con más de 200 empresas de todos los tamaños y sectores, captura esta dinámica paradójica. Demuestra que las bases establecidas por los criterios ESG son hoy lo suficientemente sólidas como para superar el marco de la simple obligación normativa, transformando el ejercicio de transparencia en una verdadera palanca estratégica. Los resultados se presentaron durante una conferencia celebrada en la feria Produrable 2025.
ESG, un pilar de resiliencia más fuerte que la regulación
El impacto más espectacular de Omnibus se observa en las empresas que potencialmente dejarían de estar sujetas a la CSRD. Lejos de sentir alivio, una abrumadora mayoría de ellas (83%) declaró que seguiría realizando un informe ESG de forma voluntaria. Esta persistencia, orientada principalmente hacia el marco de referencia VSME (Voluntary Sustainability Reporting Standard for non-listed SMEs), confirma que el valor de la información no financiera supera con creces su imperativo legal.
El retroceso normativo ha puesto de manifiesto la verdadera naturaleza de la CSRD: una oportunidad de transformación estratégica. Para el 67% de las empresas, la CSRD se percibe ante todo como un medio para repensar el modelo de negocio de la empresa, una cifra que ha aumentado considerablemente respecto al año anterior (57%). Esta ventaja estratégica supera con creces la percepción de la directiva como una carga humana (62%) o financiera (32%).
Las empresas encuestadas, estén o no sujetas a la normativa, han integrado que el ejercicio de reporting permite:
- Identificar y anticipar de forma concreta los riesgos a medio y largo plazo para garantizar la sostenibilidad del modelo de negocio.
- Mejorar el atractivo ante las partes interesadas, especialmente clientes, bancos e inversores. De hecho, el 89% de las empresas ya utiliza sus datos de sostenibilidad para responder a sus solicitudes.
- Gestionar mejor el rendimiento de la empresa
Este giro voluntario se explica también por la gran insatisfacción de las empresas que ya han invertido tiempo y recursos. Entre aquellas que dejarían de estar sujetas, el 71% considera la modificación Omnibus más bien negativa, denunciando la inestabilidad que genera para el futuro de la RSC (89% de los puntos negativos) y el desánimo para aquellas que ya habían iniciado una estrategia (60%).
La preparación para la CSRD ha generado una estructuración interna acelerada. En un año, la tasa de empresas que han implementado una gobernanza de RSC dedicada ha saltado del 59% al 84%. Se considera indispensable una gobernanza específica para gestionar un proyecto tan transversal, que implica a múltiples funciones y entidades.
Aunque la dirección del proyecto sigue confiándose mayoritariamente a las Direcciones de RSC (65%), el estudio destaca dos evoluciones importantes en la implicación de los departamentos:
- La Dirección Administrativa y Financiera (DAF) : La implicación de los directores financieros es ahora casi sistemática (85%), y el 56% de las empresas observa un aumento en su nivel de compromiso con la CSRD. Esta asunción de responsabilidades es lógica, ya que la experiencia de los DAF en materia de reporting, auditoría y traducción de datos ESG a datos financieros es fundamental.
- El Departamento de Compras : Es la mayor sorpresa de esta edición. La implicación de la función de Compras ha pasado de solo un 7% en 2024 a 63% en 2025. Este cambio de paradigma refleja que las empresas comprenden que el análisis de los Impactos, Riesgos y Oportunidades (IRO) de la CSRD debe cubrir toda la cadena de valor, lo que hace que la experiencia en compras sea indispensable para analizar la cadena de suministro y recopilar información de los proveedores.
Además, este aumento de protagonismo se traduce en una gestión más regular: las empresas reportan ahora la información ESG a los órganos de dirección con mayor frecuencia, y la mayoría opta por una periodicidad trimestral. Esto indica una mayor conciencia sobre la necesidad de gestionar estos datos de forma operativa, y no solo una vez al año.
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El desafío de los datos y la prioridad del carbono
A pesar de los avances en materia de gobernanza, el estudio confirma que el principal obstáculo de la CSRD sigue siendo el dato. Las dificultades más citadas espontáneamente por los encuestados están relacionadas con los datos (volumen y definiciones), la falta de recursos humanos o financieros y la falta de comprensión de los textos.
En cuanto a la primera oleada de publicación (2025 sobre datos de 2024), el 46% de las empresas no logró recopilar todos los indicadores requeridos y el 83% tuvo que realizar un ejercicio de priorización. Peor aún, el 25% publicó información cuyas definiciones o métodos de cálculo no eran los exigidos por la normativa.
Esta dificultad repercute en las auditorías, donde el primer tema cuestionado por los auditores (para el 29% de las empresas auditadas) es la calidad de los datos cuantitativos. La ausencia de gobernanza de datos es un factor agravante, ya que el 35% de las empresas que ya han publicado siguen sin prever un equipo dedicado.
Entre las exigencias, las empresas identificaron rápidamente los problemas principales. Los tres ESRS (European Sustainability Reporting Standards) considerados más materiales para el ejercicio son, como era de esperar:
- ESRS E1 : Cambio climático (98%).
- ESRS G1 : Conducta empresarial (97%).
- ESRS S1 : Personal de la empresa (93%).
El enfoque en el clima es especialmente notable. La medición de la huella de carbono es la segunda acción estructurante más emprendida después de la implementación de la gobernanza. La proporción de empresas que miden su Alcance 3 (emisiones indirectas) se mantiene estable en el 90%. Sobre todo, el 66% de las empresas ya ha definido una trayectoria de reducción de sus emisiones, de las cuales dos tercios son compatibles con el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 °C, una alineación que ha progresado considerablemente en un año.
El dilema Omnibus: una pausa costosa
ElOmnibus es un arma de doble filo. Si bien la principal ventaja identificada por las empresas es el plazo adicional para prepararse mejor (62%, especialmente para adquirir herramientas adecuadas y estructurarse internamente), la revisión ha provocado un desinterés en ciertas funciones para la mitad de las empresas.
Las direcciones que más se han desvinculado son la Dirección Administrativa y Financiera (63% de desinterés) y la Dirección General (51%). Para estas áreas, la incertidumbre sirvió de pretexto para dar marcha atrás y centrarse en las urgencias operativas, dejando en manos de la Comisión la aclaración de las futuras exigencias. Este retroceso es frustrante, ya que invalida costes ya asumidos (formación, herramientas, contratación) y frena la dinámica de transformación iniciada.
Conclusión: la sostenibilidad de un compromiso estratégico
El estudio de 2025 de Tennaxia ofrece una perspectiva crucial: aunque la CSRD ha perdido impulso debido a Omnibus, el imperativo del reporte extrafinanciero se considera ahora un elemento estratégico y financiero esencial.
El retroceso normativo ha permitido constatar que los criterios ESG han construido bases lo suficientemente sólidas como para que la mayoría de las empresas continúen el proceso de forma voluntaria, valorando la resiliencia y la competitividad en el mercado por encima del mero cumplimiento. La cuestión del formato se vuelve, por tanto, casi secundaria.
No obstante, la presión sobre la calidad y fiabilidad de los datos no hará más que aumentar, especialmente con la creciente implicación de los auditores y el reto central de la trazabilidad de los impactos en la cadena de valor. Las empresas deben aprovechar este plazo adicional para consolidar su gobernanza de datos y dotarse de las herramientas adecuadas, sin esperar a la finalización del texto Omnibus.
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