En el marco del Pacto Verde Europeo, la Comisión Europea ha anunciado su intención de movilizar cerca de 1 billón de euros de aquí a 2030 para apoyar la política de transición medioambiental europea. Su objetivo es reducir las emisiones europeas de GEI en un 55% respecto a los niveles de 1990 y alcanzar la neutralidad de carbono para 2050.
Este plan de financiación recurre a fondos públicos y privados. De este billón de euros, la UE desea emitir 250 000 millones de euros en bonos verdes de aquí a 2026 a través de su programa NextGenerationEU.
Sin embargo, los bonos verdes no son nada nuevo, ni tampoco algo específicamente europeo. Existen desde principios del siglo XXI. Aunque todavía no se denominaban bonos verdes, se considera que los primeros fueron emitidos en 2001 por la ciudad de San Francisco para financiar un proyecto de energía solar.
¿Cómo funcionan? ¿Cuál es su papel en la financiación de la transición medioambiental europea y mundial? ¿Cómo saber si un bono verde es realmente verde?
¿Qué son los bonos verdes?
En primer lugar, recordemos qué es un bono.
Se trata de un título de deuda emitido por empresas o Estados que se negocia en los mercados financieros. Permite a estos actores pedir dinero prestado a inversores particulares o profesionales para refinanciar sus deudas o invertir en nuevos proyectos.
Los inversores reciben una remuneración mediante el pago de intereses hasta que se reembolsa el capital invertido. El nivel de riesgo (y de remuneración) es inversamente proporcional a la calidad del emisor y, por tanto, a su capacidad para reembolsar al inversor al finalizar el plazo del contrato entre el emisor y el bonista.
Los bonos verdes funcionan bajo el mismo principio que los bonos clásicos, pero tienen como objetivo financiar proyectos de la economía sostenible. Hoy en día se consideran uno de los principales vehículos de financiación de inversiones sostenibles por parte de empresas y Estados, y han experimentado un verdadero auge desde el Acuerdo de París de 2015.
¿Quién puede emitir bonos verdes?
Los bonos verdes pueden ser emitidos por una gran variedad de actores: empresas públicas o privadas, Estados, administraciones locales, instituciones internacionales, etc.
Los primeros bonos que llevaron el nombre de bonos verdes fueron emitidos en 2007 por el Banco Europeo de Inversiones, seguidos en 2008 por el Banco Mundial.
Por parte de los Estados, Francia y Polonia fueron pioneros en la materia al emitir sus primeros bonos verdes soberanos en 2017 para financiar su transición hacia una economía baja en carbono. Hoy en día, más de 62 países de todo el mundo han emitido bonos verdes soberanos y esta cifra no deja de aumentar.
La distribución de las emisiones por categoría de emisor varía mucho de un año a otro, aunque los Estados siguen liderando la carrera. En 2022, el sector público representó el 39% de las emisiones, los actores financieros el 32% y las empresas el 29%.
Un mercado en pleno auge
La emisión de bonos verdes está en pleno auge. Muchos actores ven en ellos una oportunidad para financiar una transición ecológica costosa, pero también una respuesta a las exigencias cada vez mayores de los inversores respecto a la sostenibilidad de sus inversiones.
A fecha del 1 de enero de 2023, han permitido recaudar más de 2,5 billones de dólares en todo el mundo y, a pesar de una ligera desaceleración en 2022 debido a la crisis y la inflación, el volumen acumulado de fondos recaudados crece a un ritmo sostenido. Los bonos sostenibles (bonos verdes, bonos sociales y bonos vinculados a la sostenibilidad) representan actualmente alrededor del 7% del mercado mundial de bonos.

También son un medio para que muchos países cumplan con los objetivos de desarrollo sostenible establecidos en el marco del Acuerdo de París de 2015. De este modo, vemos cada vez más países emergentes emitiendo bonos verdes soberanos para financiar su transición energética entre ellos India, Fiyi, Egipto, Tailandia, México... El récord lo ostenta Chile, que ha emitido cerca de 34 000 millones de dólares en bonos verdes soberanos.
Francia no se queda atrás. En 2022 fue el mayor emisor mundial de bonos soberanos, habiendo recaudado más de 42 000 millones de euros desde el lanzamiento, en 2017, de su primer OAT (Obligación asimilable al Tesoro) verde.
La Unión Europea, en términos generales, es la mayor emisora de bonos verdes del mundo, representando por sí sola el 43% de los bonos verdes emitidos hasta la fecha a nivel global. Como prueba de su éxito, en Europa, los títulos sostenibles representaron en 2022 el 25% del volumen de las nuevas emisiones en euros.
Una regulación aún en proceso
El auge de los bonos verdes en los últimos años ha generado diversas desviaciones en el uso de estos títulos financieros. Aunque su número se ha disparado, su fiabilidad también ha resultado ser cada vez más variable.
Algunos bonos verdes solo tienen de verde el nombre. De hecho, hasta la fecha, la definición de lo que constituía un bono verde dependía esencialmente de su emisor, quien podía evaluar de manera totalmente subjetiva qué era un proyecto "verde". Así es como algunos bonos han servido para financiar pistas aeroportuarias en Hong Kong.
En cuanto a los bonos soberanos, la responsabilidad social y medioambiental de ciertos países emisores también plantea a menudo interrogantes, como es el caso de Arabia Saudí o Rusia.
Las posibilidades de control sobre el uso de los fondos y la sostenibilidad real de los proyectos financiados siguen siendo limitadas, lo que pone en entredicho la credibilidad de estos bonos verdes.
Algunos Estados, especialmente en la Unión Europea, han comenzado a regular la denominación de bono verde, pero sin coordinarse entre sí. Por lo tanto, coexisten numerosas legislaciones según el país y, en un contexto de mercado financiero totalmente globalizado, los bonos verdes se intercambian sin tener la misma definición ni las mismas restricciones y obligaciones.
Se han puesto en marcha varias iniciativas, desde la creación de instituciones como la Climate Bonds Initiative, pasando por sellos como el sello ISR, hasta llegar a una regulación común, tal como acaba de hacer la Unión Europea.
La Climate Bonds Initiative
La Climate Bonds Initiative es un organismo no gubernamental que tiene como objetivo promover y acompañar el desarrollo de los bonos verdes en todo el mundo. Entre sus financiadores se encuentran fundaciones, organismos públicos y privados, así como las Naciones Unidas.
La Climate Bonds Initiative fue el primer organismo en implementar un sistema de certificación basado en una taxonomía que permite identificar los bonos realmente "verdes" y, por tanto, luchar contra el lavado de imagen ecológico o greenwashing.
Trabaja junto a Estados, actores financieros e inversores en el desarrollo de un marco favorable para la emisión de bonos verdes y su promoción.
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Según la Climate Bonds Initiative, será necesario movilizar 5 billones de dólares anuales a partir de 2025 para poder luchar eficazmente contra los riesgos relacionados con el cambio climático y alcanzar el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 grados fijado por el Acuerdo de París, lo que supone casi 10 veces el importe actual recaudado mediante la emisión de bonos verdes cada año.
Bono verde y taxonomía europea
Desde el Acuerdo de París, la Unión Europea ha implementado una política activa de desarrollo de las finanzas sostenibles en el marco del Pacto Verde Europeo.
El desarrollo de la taxonomía verde y la aplicación del SFDR fueron sus primeros hitos. El objetivo principal era mejorar la transparencia de las empresas sobre sus actividades y la de las estrategias de inversión de los actores financieros.
La cuestión de los bonos verdes ha cobrado relevancia a medida que se han ido desarrollando en los distintos países de la UE, ya sea mediante la emisión de bonos soberanos o de bonos verdes procedentes de instituciones o empresas privadas. Las emisiones de bonos verdes forman parte, además, del plan de financiación del Pacto Verde Europeo, especialmente a través del programa NextGenerationEU, que tiene como objetivo alcanzar un volumen de emisiones de unos 250 000 millones de euros para 2026.
El interés de dicha legislación es armonizar las normativas existentes y permitir que los inversores dispongan de un marco de referencia común en lo que respecta a los bonos verdes. Siendo la Unión Europea el mayor emisor mundial de este tipo de títulos de deuda, necesitaba poder regularlos para proporcionar una definición clara de lo que se consideraba "verde".
El 5 de octubre de 2023, los diputados europeos adoptaron la primera propuesta de reglamento sobre los bonos verdes. Ahora debe ser examinada por el Consejo de la UE.
Esta normativa vincula la emisión de bonos verdes a la taxonomía europea, que clasifica las actividades en función de su "sostenibilidad" según una lista de criterios estrictos. De este modo, permitirá a los inversores asegurarse de que los bonos emitidos respaldan proyectos considerados verdes por la taxonomía.
El objetivo es, por tanto, crear un marco favorable para la emisión de estos bonos y acompañar su fuerte crecimiento. Esta norma seguirá siendo voluntaria para los emisores, pero permitirá certificar formalmente la sostenibilidad de los proyectos financiados. También estará abierta a emisores de países extracomunitarios que deseen beneficiarse del marco que ofrece esta regulación.
Para obtener la denominación EuGB (EU Green Bonds), un bono deberá cumplir varios criterios:
- la totalidad de los fondos deberá financiar un proyecto considerado sostenible según la taxonomía europea
- las emisiones serán supervisadas por un examinador externo, registrado ante la ESMA (Autoridad Europea de Valores y Mercados)
- los emisores estarán sujetos a una serie de obligaciones de información
Conclusión
Los bonos verdes son una herramienta eficaz al servicio del desarrollo de las finanzas sostenibles en todo el mundo. Pueden ser un excelente medio para movilizar nuevos fondos destinados a la transición ecológica de los Estados y las empresas, como demuestra su éxito en las economías emergentes.
El proceso de regulación en curso dentro de la Unión Europea permitirá regular mejor este mercado en pleno auge y tranquilizar a los inversores sobre la sostenibilidad de los proyectos financiados a través de estos títulos de deuda.
Sin embargo, a pesar del creciente éxito de los bonos verdes desde el Acuerdo de París, su crecimiento es todavía demasiado débil para proporcionar los fondos necesarios para este proyecto de gran envergadura. Actualmente, sería necesario multiplicar por 10 su volumen de emisiones. La implementación progresiva de un mercado favorable a su desarrollo a nivel internacional debe tener en cuenta desde ahora la necesidad de acelerar sus emisiones a gran escala.
Fuentes:
- “Finance durable : où en sont les obligations vertes européennes ?”, Actu-Juridique.fr, 10/10/2023
- “Mot de l’Actu - Obligation verte”, Banque de France, marzo de 2022
- “Les obligations vertes”, WWF
- “High-flying greenwashing around a new green bond for Hong Kong Airport”, Reclaim Finance, 04/01/2023
- “Green bonds face new questions over authenticity”, Financial Time, 29/11/2021
- “Sustainable Debt Market - Summary H1 2023”, Green Bonds Initiative, agosto de 2023
- “$500bn Green Issuance 2021: social and sustainable acceleration: Annual green $1tn in sight: Market expansion forecasts for 2022 and 2025”, Green Bonds Initiative, 31/01/2022
- “Next GenerationEU: La Comisión Europea lanza con éxito la primera emisión de bonos verdes para financiar una recuperación sostenible”, Comisión Europea, 12/10/2021
- “Los préstamos «sostenibles» representan una cuarta parte de las emisiones de bonos en Europa”, Les Echos, 21/11/2022
- “Green, Social, and Sustainability (GSS) Bonds - Market Update - January 2023”, Banco Mundial, enero de 2023
- “De la India a Indonesia, los bonos verdes ayudan a los países a avanzar hacia el desarrollo sostenible”, Banco Mundial, 10/04/2023
- “Bonos verdes europeos: el Consejo adopta un nuevo reglamento para promover las finanzas sostenibles”, Consejo Europeo, 24/10/2023





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