¿Qué es la energía gris? Definición y usos

¿Qué es la energía gris? Este concepto, creado en los años 60 e intrínsecamente ligado a las investigaciones sobre el análisis del ciclo de vida de los productos, permite medir la huella ambiental global de los mismos, desde la extracción de las materias primas hasta el final de su vida útil. Aunque es una metodología especialmente utilizada en ciertos sectores, como el de la construcción, presenta ciertas limitaciones.

Matthieu Duault
Climate Copywriter
Publication : 
19.03.2024

La energía gris, un concepto que se remonta a los años 60 y al origen del análisis del ciclo de vida (ACV), sigue siendo una escala de medición muy utilizada en diversos sectores y constituye la base de numerosos sistemas de evaluación del impacto ambiental. Aunque a veces se compara con la huella de carbono, ambas metodologías evolucionan en paralelo y pueden resultar complementarias.

¿Qué es, pues, la energía gris? ¿Cómo se mide? ¿Para qué sirve y a quién beneficia?

El origen de la energía gris

El término "energía gris" apareció por primera vez en 1972 en los trabajos de investigación del Dr. Ian Boustead. Este concepto fue objeto de varios estudios a finales de los años 60. Ante la acumulación de residuos y la explotación masiva de recursos naturales durante un periodo de fuerte crecimiento económico, varias empresas comenzaron a interesarse por la noción del ciclo de vida de los productos.

Una de las primeras fue Coca-Cola, que en 1969 buscó alternativas menos contaminantes a su botella de vidrio. El resultado, por paradójico que pueda parecer hoy, indicó que la botella de plástico consumía mucha menos energía gris que la de vidrio. Esto explica, en parte, la generalización casi total de este formato a partir de los años 90.

¿Qué es la energía gris?

La energía gris corresponde a la cantidad total de energía primaria consumida a lo largo del ciclo de vida de un producto, desde la extracción de las materias primas hasta el final de su vida útil. Se expresa en kWh.

Este concepto permite calcular el impacto ambiental global de un producto o material.

Por tanto, tiene en cuenta de forma exhaustiva la extracción de materias primas, el transporte, las transformaciones sucesivas, la comercialización, la puesta en servicio, el uso del producto y, finalmente, su reciclaje o destrucción.

También se le denomina energía oculta, energía intrínseca (embodied energy en inglés) o energía indirecta, en el sentido de que no es percibida por el consumidor del producto o material. Se opone así a la energía de uso, que es la consumida durante la utilización del producto (por ejemplo, la gasolina que pone en su coche térmico o la calefacción de un edificio).

La energía gris se utiliza especialmente en sectores como la construcción o los electrodomésticos. Permite realizar un balance de la energía necesaria para producir un edificio o una máquina y, posteriormente, estimar a partir de qué momento su construcción resulta "rentable". Es decir, cuando su consumo de energía directa ha superado su consumo de energía gris. Según esta metodología, cuanto mayor sea la vida útil de un producto, más probabilidades tendrá de ser "rentable" en términos de impacto ambiental y, por tanto, de evitar un despilfarro energético.

Tener en cuenta este tema parece aún más importante si consideramos que se estima que la energía gris representa, de media, dos tercios del consumo energético total de un producto.

Calcular su cantidad permitiría, por ejemplo, saber si es mejor comprar un vehículo eléctrico nuevo o conservar su viejo coche de gasolina.

Energía gris y ACV

Los conceptos de energía gris yACV están interconectados. El término energía gris surgió durante las investigaciones sobre el ciclo de vida de los productos. Sin embargo, fueron los estudios sobre la energía gris los que permitieron formalizar y normalizar los análisis de ciclo de vida.

Así, el análisis del ciclo de vida de un producto es un método estandarizado y regulado que permite cuantificar la energía gris de un producto o servicio. Este concepto se introdujo por primera vez durante la Cumbre de la Tierra de Río en 1992.

Esta metodología fue posteriormente tratada por la Organización Internacional de Normalización (ISO), que creó nuevos estándares, las normas ISO 14040 e ISO 14044, para medir el ACV de productos y servicios.

Ejemplo de caso de uso: la construcción

La energía gris se ha convertido en una magnitud relativamente común en el sector de la construcción. Permite medir el impacto ambiental de un edificio y es la fuente de numerosas innovaciones, tanto en la elección de materiales como en el proceso de construcción.

La energía intrínseca de un edificio incluye, entre otros:

  • La energía utilizada para fabricar los materiales de construcción.
  • La energía utilizada para transportar los materiales a la obra.
  • La energía utilizada para construir el edificio.
  • La energía utilizada para el mantenimiento del edificio.
  • La energía utilizada para demoler el edificio.

A esto se añade el transporte de los trabajadores, la instalación de la obra, etc.

Dado que un edificio tiene, por lógica, una vida útil especialmente larga, se estima que la energía gris representa de media el 20% de la energía total consumida a lo largo de su vida útil, lo cual supone una parte considerable de su huella ambiental.

Entre las soluciones posibles para reducir esta cantidad de energía se encuentran las centradas en los materiales (duraderos, de bajo impacto ambiental, locales para reducir el transporte) y las que conciernen al diseño de los edificios (prácticas de construcción eco-responsables, edificios energéticamente eficientes).

En este sentido, AFNOR ha desarrollado la certificación HQE con el objetivo de “limitar a corto y largo plazo los impactos ambientales de una operación de construcción o rehabilitación, garantizando al mismo tiempo a los ocupantes unas condiciones de vida saludables y confortables”. Esta certificación surge de estudios sobre la energía gris de los edificios y tiene en cuenta, entre otros criterios, la energía que se consumirá durante toda la vida útil del edificio.

Los límites de la energía gris

Aunque la medición de la energía gris pretende evaluar el impacto “global” de un producto o servicio a lo largo de su ciclo de vida, su enfoque exclusivo en la energía limita el análisis, al no tener en cuenta otros impactos asociados en ciertos indicadores ambientales.

La contaminación, la gran olvidada de la energía gris

Uno de los principales límites de esta metodología es queomite los daños ambientales colaterales que pueden estar vinculados al ciclo de vida del producto.

Por tanto, no tiene en cuenta la contaminación química derivada de la extracción de materias primas, su transformación o el fin de vida de los productos. Este es el caso, por ejemplo, de los lodos rojos generados durante el proceso de fabricación del aluminio.

El caso de Coca-Cola es especialmente elocuente. Como hemos mencionado, sus primeros análisis a finales de los años 60 fueron uno de los criterios que les llevaron a priorizar la botella de PET, que consume menos energía gris que su predecesora de vidrio. Lamentablemente, esta iniciativa también les ha llevado a convertirse en la principal fuente de contaminación por plástico en el mundo, según los últimos informes de la ONG Break Free From Plastic.

Por muy completa y elaborada que sea, la energía gris no es, por tanto, un indicador suficiente para medir la totalidad del impacto ambiental de un producto. Deberán añadirse otros indicadores para medir los daños colaterales generados durante el ciclo de vida del producto.

Un indicador difícil de medir

Al tener en cuenta todo el ciclo de vida de un producto, edificio o servicio, la energía gris resulta difícil de medir. Esto es aún más cierto en el caso de productos complejos, compuestos por una gran variedad de elementos.

El automóvil es un ejemplo evidente. Miles de piezas de distintos orígenes, compuestas a su vez por materiales transformados en numerosas ocasiones.

A esta complejidad se suma la del fin de la vida útil del producto. ¿Qué componentes de un producto complejo pueden reciclarse o reutilizarse y cuáles deben destruirse? ¿Cuenta el lugar donde finaliza su vida útil con los recursos necesarios para el reciclaje?

Aunque es posible establecer un promedio, la cantidad de criterios a tener en cuenta hace que los resultados de este análisis sean relativamente inciertos y, por tanto, requieren un proceso estricto y normalizado, así como la voluntad de actuar de todos los agentes que participan en el ciclo de vida de un producto.

¿Cómo reducir la energía gris?

Como hemos señalado, la energía gris representa de media dos tercios del consumo energético de un producto. Para reducir nuestro impacto negativo en el medio ambiente, es necesario abordar este tema con determinación.

Dado que la cantidad de energía consumida está estrechamente ligada a la fabricación de nuevos productos, debemos replantearnos por completo nuestro modo de consumo, tanto en la cantidad de productos como en sus métodos de producción.

Se trata, pues, de encontrar la manera de rentabilizar esta energía. Reducir la proporción de energía gris consumida en relación con el consumo de energía de uso durante la vida útil de un producto.

Aumentar la vida útil de los productos

Una de las primeras soluciones para reducir la cantidad de energía consumida esaumentar la vida útil de los productos. En efecto, un producto que funciona correctamente no debería (o no tendría por qué) ser reemplazado.

Aumentar la vida útil de los productos, luchando contra la obsolescencia programada o mejorando su reparabilidad, permite reducir significativamente el impacto medioambiental.

Surge entonces la duda de si es mejor sustituir un producto con un alto consumo de uso por uno nuevo más eficiente. Los productos más complejos requieren una gran cantidad de energía gris para su fabricación, por lo que su sustitución por un producto que consuma menos energía no siempre es la solución más adecuada. A veces, es mejor maximizar el uso del producto actual.

Reducir el consumo de energía en origen

Cuanto más procesado está un producto, mayor es su consumo de energía gris. Cuanto más lejos se transporta un producto, mayor es su consumo de energía gris.

Al favorecer materiales brutos o, como mínimo, menos procesados, se reduce considerablemente la cantidad de energía consumida durante la fabricación de un producto. Este es el caso, por ejemplo, del sector de la construcción, donde el aislamiento de fibra de lino resulta mucho menos perjudicial para el medio ambiente que el poliestireno.

Del mismo modo, recurrir a productos locales permite eliminar gran parte de la energía gris de un producto vinculada al transporte de materiales.

Energía gris y globalización

El análisis de la energía gris ha puesto de manifiesto ciertos espejismos de la descarbonización cuando se estudia dentro de un perímetro restringido.

Así, los países desarrollados han tendido en las últimas décadas a exportar su energía gris a los países en vías de desarrollo.

La deslocalización de sectores enteros de la industria europea hacia Asia ha provocado una deslocalización de facto de nuestro consumo energético y ha reducido artificialmente las cifras oficiales de emisiones territoriales de los países europeos. China se ha convertido así en el primer exportador mundial de energía gris.

Les différences mondiales d'émissions liées à la consommation et la production en 2004 en Mt CO2/an
Diferencias mundiales de emisiones vinculadas al consumo y la producción en 2004 en Mt CO2/año (rojo = importaciones netas de emisiones, azul = exportaciones netas de emisiones) (Fuente: Las emisiones importadas: el polizón del comercio mundial - Réseau Action Climat - Ademe - Citepa)

Por tanto, tenemos una visión sesgada de nuestros esfuerzos en materia de emisiones de carbono. Aunque nuestras emisiones directas disminuyen, nuestro consumo de energía gris tiende a aumentar. Aumenta debido a nuestros hábitos de consumo (productos más numerosos y de menor calidad), pero también por la procedencia de los productos que consumimos, ya que el transporte de mercancías influye notablemente en la cantidad de energía necesaria para obtener el producto.

Conclusión

Si bien la energía gris sigue siendo un indicador valioso para evaluar el impacto ambiental de los productos y servicios, su uso debe complementarse con otras herramientas que permitan una evaluación más exhaustiva, que tenga en cuenta la contaminación química o la degradación de los ecosistemas.

Reducir nuestra dependencia de la energía gris requiere acciones concertadas en todos los niveles de la sociedad, desde el diseño de los productos hasta nuestros hábitos de consumo, con el fin de promover un desarrollo sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Por último, es fundamental llevar estas acciones a escala global. Se necesita un enfoque integral y colaborativo para abordar estos desafíos y avanzar hacia un uso más responsable de los recursos.

Fuentes: