2024 fue el primer año en superar los +1,5 °C de media. Olas de calor, megaincendios, inundaciones, ciclones... todos estos eventos y su recurrencia ya no parecen sorprender a nadie. Al no haber podido abordar las causas, ya estamos gestionando las consecuencias del calentamiento global. Pero esta barrera simbólica de los 1,5 °C no es nada comparada con las últimas previsiones de la ONU, que anuncia que, a este ritmo, nos dirigimos hacia un escenario de +3,1 °C para el año 2100. El clima futuro no tendrá nada que ver con el clima actual.
Si nuestros esfuerzos para reducir nuestras emisiones de GEI y nuestro impacto en los ecosistemas deben continuar e incluso intensificarse, debemos, en paralelo, preparar a nuestras sociedades y economías para un mundo de al menos +2 °C. En esto consisten las políticas de adaptación al cambio climático.
Mitigación climática y adaptación climática, ¿cuál es la diferencia?
Es necesario, en primer lugar, diferenciar las acciones de mitigación climática de las de adaptación climática.
La mitigación climática comprende el conjunto de acciones llevadas a cabo para frenar el calentamiento global. Esto pasa esencialmente por la reducción de nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, así como por la preservación y restauración de los ecosistemas que permiten capturar carbono. Por lo tanto, los objetivos de reducción de emisiones de GEI fijados en el marco del Acuerdo de París son el punto de referencia de las políticas de mitigación climática, al intentar mantener el calentamiento del planeta por debajo de los 2,5 °C.
La adaptación al cambio climático se refiere, por su parte, al conjunto de acciones llevadas a cabo para aumentar nuestra resiliencia y la de los ecosistemas ante las consecuencias del calentamiento global. Parte del principio de que siempre es mejor prevenir que curar. Esto permite, al mismo tiempo, reducir las posibles pérdidas humanas y los costes financieros derivados de las consecuencias del calentamiento global.
La mitigación y la adaptación son los dos pilares de una estrategia climática eficaz. Estos dos modos de acción son, y deben ser, complementarios, ya sea a nivel de un país, de una empresa o incluso de un individuo. Ampliamente interdependientes, deben permitir reducir el coste humano y financiero del calentamiento global.
El coste de la inacción
Según un estudio realizado por el IC4E, el coste de la adaptación climática representaría, en Francia, unos 2300 millones de euros al año, una suma que, aunque elevada, sigue estando muy por debajo del coste financiero de las consecuencias del calentamiento global.
Un informe publicado por la ADEME en 2023 indica que un calentamiento de 3,5 grados en 2100 respecto a la era preindustrial podría costarle a Francia más de 10 puntos de PIB cada año en comparación con un escenario sin calentamiento global, lo que representaría actualmente cerca de 280.000 millones de euros anuales. Es lo que comúnmente se denomina el coste de la inacción climática.
Un dato igual de interesante es que, de esos 10 puntos de PIB, 6 se deberían a catástrofes naturales que ocurren fuera de Francia pero que pueden afectar gravemente a la cadena de valor de las empresas francesas. Esto pone de manifiesto la absoluta necesidad, en una economía globalizada, de tener una visión global de las estrategias de adaptación al calentamiento global. Una fábrica inundada en China o unos cultivos azotados por sequías extremas en Sudamérica tendrán, sin lugar a dudas, consecuencias directas en la economía francesa.
La adaptación al cambio climático en la práctica
Los desequilibrios provocados por el calentamiento global generan trastornos que varían enormemente de una región a otra. Sequías, inundaciones, erosión del suelo, sumersión e incendios son riesgos que afectan de manera diferenciada según el relieve, la posición geográfica y las actividades económicas locales. Así, una disminución de la capa de nieve probablemente tendrá muchas menos consecuencias en Marsella que en Chamonix, tanto en lo que respecta al impacto en los ecosistemas como en la economía.
Si bien algunas medidas se planifican a nivel nacional o internacional, su concreción suele depender de acciones locales adaptadas a contextos específicos. Estas respuestas también se organizan a diferentes escalas: la de los individuos, las empresas, las administraciones locales y los Estados.
El papel esencial de los poderes públicos
Más concretamente, las administraciones locales y los poderes públicos desempeñan un papel fundamental en la protección de las poblaciones y las infraestructuras, que va mucho más allá de la simple gestión de crisis. En Francia, los planes de prevención de riesgos naturales (PPRN) se multiplican para cartografiar las zonas vulnerables, limitar la urbanización en estos sectores y anticipar las catástrofes climáticas. El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) tiene como objetivo orientar la política nacional de adaptación identificando las áreas prioritarias y estableciendo medidas para limitar los riesgos y las consecuencias del calentamiento global. El último PNACC francés se basa en un escenario de calentamiento de 4 °C para el año 2100. Publicado periódicamente por el Estado francés, se enriquece con los resultados de los intercambios con diversas partes interesadas y con una consulta pública.
Entre las medidas que se implementan habitualmente en las políticas públicas de adaptación se encuentran la creación de espacios verdes en entornos urbanos, que permite reducir las islas de calor y mejorar la gestión de las aguas pluviales, o la puesta en marcha de sistemas de gestión de riesgos de seguros para apoyar a los hogares y empresas que se enfrentan a pérdidas derivadas de catástrofes naturales. Una política de acompañamiento a los territorios es también esencial para poder gestionar los riesgos a nivel local.
Por lo general, en un plan nacional se tratan con prioridad las medidas denominadas “sin arrepentimiento” que se distinguen por ofrecer beneficios inmediatos, independientemente del escenario de calentamiento global. Entre ellas se encuentran una mejor gestión de los recursos hídricos, las políticas de eficiencia energética o la restauración de los ecosistemas naturales. Estas medidas fomentan una mayor resiliencia a la vez que reducen los impactos ambientales globales de la actividad humana.
La adaptación de las empresas: un desafío estratégico
Si bien los Estados y las administraciones locales están en primera línea para implementar políticas de adaptación al cambio climático, las empresas también tienen un papel que desempeñar, principalmente para reforzar su resiliencia frente al calentamiento global. Para las empresas, integrar la adaptación al cambio climático en su plan climático es un desafío estratégico que garantiza su sostenibilidad.
Por ello, asegurar las cadenas de suministro es crucial ante las perturbaciones causadas por fenómenos como las inundaciones, que pueden bloquear las infraestructuras de transporte, o las sequías, que afectan a la disponibilidad de las materias primas. Cuanto más compleja es la cadena de valor de una empresa, más se multiplican los riesgos que pesan sobre ella.
Para mitigar estos problemas, algunas empresas recurren a circuitos cortos con el fin de reducir su dependencia de proveedores lejanos y reforzar la robustez de sus operaciones. Otras invierten en infraestructuras adaptadas, como edificios resistentes a las inundaciones, o diversifican sus fuentes de suministro para limitar los riesgos. Las industrias más expuestas, como la agroalimentaria, integrarán enfoques más sostenibles priorizando materias primas locales o mejor adaptadas al cambio climático.
La mayoría de los estándares de información no financiera, CSRD a la cabeza, incentivan hoy a las empresas a tener en cuenta los impactos que el cambio climático tendrá en sus actividades, tanto en términos de riesgos como de oportunidades. Se trata aquí del análisis de materialidad, requisito previo a cualquier plan climático, que debe obligar a las empresas a estimar el nivel de dependencia de sus actividades respecto a diferentes criterios (clima, biodiversidad, recursos hídricos...). La idea subyacente es ayudarles a identificar sus posibles fragilidades e incentivarles a implementar las medidas adecuadas para garantizar su resiliencia, así como la de sus partes interesadas, en caso de cambios importantes.
Para profundizar, descargue nuestro libro blanco sobre el análisis de doble materialidad👇

La seguridad alimentaria en el centro de la adaptación del sector agrícola
La agricultura es, sin duda, uno de los sectores más directamente afectados por el calentamiento global. Los episodios de sequía prolongada y la irregularidad de las precipitaciones obligan a los agricultores a adoptar estrategias de adaptación. Estos pueden recurrir a cultivos más resistentes a las sequías, como ciertas variedades de cereales mejor adaptadas a suelos áridos. Las nuevas técnicas de rotación de cultivos también permiten preservar mejor los suelos y favorecer su capacidad de absorción de agua.
También vemos desarrollarse nuevos métodos de riego más eficientes, como el riego por goteo, que permite no solo mejorar la productividad, sino también reducir la presión sobre los recursos hídricos. Estos enfoques, que a menudo integran conocimientos locales e innovación tecnológica, desempeñan un papel clave para garantizar la seguridad alimentaria frente a condiciones climáticas cada vez más imprevisibles. Trasladar ciertos cultivos a regiones más propicias para su desarrollo es también una solución que poco a poco se abre camino. Así, vemos cómo los viñedos se desplazan hacia el norte de Francia, mientras que otros cultivos, menos exigentes en agua y más resilientes al calor intenso, los reemplazan en el sur, modificando de forma duradera la rotación de cultivos.
En resumen, La adaptación al cambio climático se traduce en una multitud de respuestas complementarias, adaptadas a cada nivel de intervención. Requiere una movilización colectiva y concertada, en la que cada uno —ciudadano, empresa o administración local— desempeña un papel esencial. Aislar la vivienda o instalar un depósito de recuperación de agua de lluvia es, a escala individual, una forma de participar en esta dinámica, al igual que las iniciativas impulsadas por los agentes económicos e institucionales para hacer frente a los crecientes impactos del cambio climático.
La adaptación en la Unión Europea: retos y desafíos
La Unión Europea publicó en 2009 un libro blanco sobre la adaptación que tenía como objetivo sentar las bases de la estrategia de adaptación de la UE al cambio climático.
A esto le siguió en 2012 la puesta en marcha de Climate-ADAPT, una plataforma destinada a recopilar datos e información sobre metodologías de adaptación y acciones implementadas en los distintos territorios europeos para reducir los impactos climáticos.
2013: la primera estrategia de la UE sobre adaptación al cambio climático
La primera estrategia de la UE para la adaptación al cambio climático se lanzó posteriormente en 2013.
Esta se centraba principalmente en comprender y evaluar los impactos climáticos y los problemas de adaptación a los que Europa tendría que enfrentarse.
La estrategia se articuló en torno a tres grandes prioridades:
- Promover la acción de los Estados miembros de la UE
- Fomentar una toma de decisiones informada
- Centrarse en los sectores clave más vulnerables
Ocho acciones principales debían permitir articular esta estrategia:
- Incentivar a todos los Estados miembros a adoptar estrategias de adaptación integrales
- Conceder subvenciones para ayudar al desarrollo de capacidades y al refuerzo de la acción en favor de la adaptación en Europa
- Incluir la adaptación en el Pacto de los Alcaldes
- Mejorar el conocimiento (sistemas de seguimiento de las acciones realizadas, coste de los daños y coste y beneficios de la adaptación, evaluación de riesgos locales y regionales, herramientas de apoyo a la toma de decisiones, etc.)
- Desarrollar la plataforma Climate-ADAPT para convertirla en la «ventanilla única» de información sobre adaptación en Europa.
- Facilitar la integración de las cuestiones de resiliencia climática en la Política Agrícola Común (PAC), la política de cohesión y la Política Pesquera Común (PPC)
- Mejorar la resiliencia de las infraestructuras
- Promover productos de seguros y otros productos financieros para que las decisiones de inversión y comerciales sean «resistentes al clima»
2021: Construir una Europa resiliente
Tras un primer proceso de evaluación, la Comisión Europea concluyó que, si bien sus objetivos iniciales se habían alcanzado prácticamente, también demostraban que el territorio de la Unión Europea seguía siendo muy vulnerable a las perturbaciones relacionadas con el cambio climático. Tras una consulta pública, en 2021 se lanzó una nueva estrategia titulada «Construir una Europa resiliente». Esta debe suceder a la estrategia de 2013 permitiendo encontrar soluciones de adaptación, garantizando su aplicación efectiva y aplicando una verdadera política de acompañamiento a los territorios.
Esta estrategia se articula en torno a cuatro ejes principales:
- Hacer que la adaptación sea más inteligente mejorando el conocimiento
- Hacer que la adaptación sea más rápida
- Hacer que la adaptación sea más sistémica
- Intensificar la acción internacional en torno a los temas de adaptación al cambio climático
Al igual que la primera estrategia, estos 4 objetivos se asocian a 14 acciones destinadas a implementar la política europea de adaptación al cambio climático:
- Ampliar los límites del conocimiento en materia de adaptación
- Recopilar datos más numerosos y de mejor calidad sobre los riesgos y pérdidas relacionados con el clima
- Convertir Climate-ADAPT en la plataforma europea de referencia en materia de adaptación
- Mejorar las estrategias y los planes de adaptación
- Promover una resiliencia local, individual y justa
- Integrar la resiliencia climática en los marcos presupuestarios nacionales
- Promover soluciones de adaptación basadas en la naturaleza
- Acelerar el despliegue de soluciones de adaptación
- Reducir los riesgos relacionados con el clima
- Cerrar la brecha de protección frente a los riesgos climáticos
- Garantizar la disponibilidad y la sostenibilidad del agua dulce
- Reforzar el apoyo a la resiliencia y a la preparación frente al cambio climático a nivel internacional
- Aumentar la financiación internacional destinada al refuerzo de la resiliencia
- Fortalecer el compromiso y los intercambios a nivel mundial en materia de adaptación
La implementación de este plan de adaptación climática requiere la implicación de actores públicos y privados, respaldados por programas institucionales europeos entre los que se encuentran el Observatorio Europeo del Clima y la Salud, la Agencia Europea de Medio Ambiente, el programa Horizonte Europa o el programa Copernicus de la Agencia Espacial Europea. Estos actores europeos deben facilitar las herramientas y metodologías que permitan a cada Estado miembro coordinar y poner en marcha estrategias de adaptación al cambio climático.
La adaptación a escala mundial
También se han puesto en marcha diversas iniciativas a escala internacional. Aunque la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ha centrado tradicionalmente sus esfuerzos en las cuestiones de mitigación del cambio climático, ha iniciado ya trabajos dedicados a los problemas de adaptación, especialmente para responder a las necesidades de los países en desarrollo en este ámbito.
La estrategia de adaptación a nivel internacional se ha ido construyendo a lo largo de las Conferencias de las Partes (COP).
La COP7 de Marrakech permitió establecer “Programas de Acción Nacionales de Adaptación” (PANA), destinados a enumerar las prioridades de los países menos adelantados en materia de adaptación y a encontrar soluciones para su implementación. Esta COP también ratificó la creación de un Fondo de Adaptación destinado a financiar dichos proyectos.
El Programa de trabajo de Nairobi se puso en marcha durante la COP11 para ayudar a los países en desarrollo a comprender y evaluar los impactos relacionados con el cambio climático, así como a implementar medidas de adaptación.
Los Acuerdos de Cancún adoptados durante la COP16 reforzaron estas primeras medidas de adaptación y permitieron establecer diversos mecanismos para hacerlas más concretas:
- el Fondo Verde para el Clima, destinado a que los países ricos ayuden a financiar la adaptación de los países en desarrollo
- el Marco de Adaptación de Cancún, cuyo objetivo es reducir la vulnerabilidad de los países en desarrollo y responder a sus necesidades inmediatas de adaptación al cambio climático
- los planes nacionales de adaptación (PNA), que deben acompañar a los países menos adelantados en la implementación de sus políticas de adaptación
- el LEG (Grupo de Expertos de los Países Menos Adelantados), encargado de proporcionar apoyo técnico y coordinar las estrategias de adaptación de las partes firmantes
Por último, el Acuerdo de París, en su artículo 7, reconoció la adaptación al cambio climático como un aspecto crucial de la política climática internacional.
Otras iniciativas internacionales, fuera del marco de la ONU, también se han desarrollado para hacer frente a los desafíos globales relacionados con el cambio climático, como la Comisión Global sobre Adaptación. Creada por el exsecretario general de la ONU, Ban Ki-moon, esta organización agrupa a 17 países que se han comprometido a publicar un calendario de medidas para integrar en un plan climático que adapte el planeta a las consecuencias del cambio climático.
Todas estas iniciativas buscan responder a numerosos retos, entre ellos la financiación de proyectos de adaptación, la simplificación de las transferencias tecnológicas y la gestión de las migraciones climáticas.
Conclusión
En conclusión, la adaptación al cambio climático ya no es una opción, sino una necesidad imperiosa a todas las escalas, desde los individuos hasta las instituciones internacionales. A medida que se multiplican los impactos del calentamiento global, resulta esencial implementar soluciones concretas, adaptadas y coordinadas para fortalecer nuestra resiliencia colectiva. Ya sea mejorando la gestión y el suministro de agua, asegurando las cadenas de suministro, protegiendo los entornos naturales o, en el caso de los países ricos, apoyando a los más vulnerables, cada acción cuenta para minimizar las pérdidas humanas, económicas y ambientales ante las nuevas condiciones climáticas. Prepararse hoy para un futuro incierto es garantizar un mañana más seguro y sostenible para las próximas generaciones.
Fuentes:
- “Marco europeo e internacional de adaptación al cambio climático”, Ministerio de Transición Ecológica, 22/12/2023
- “Los riesgos climáticos y sus costes para Francia”, ADEME, diciembre de 2023
- “Cambio climático: ¿con qué sustituir los cultivos que se han vuelto «antinaturales»?”, Plein Champs, 14/11/2023
- “El marco internacional para adaptarse al cambio climático”, Centro de recursos para la adaptación al cambio climático, 03/08/2023
- “Adaptarse o no hacer nada… ¿cuánto cuesta?”, Centro de recursos para la adaptación al cambio climático, 26/06/2023
- “Europa: su papel creciente en la ayuda a los Estados miembros para adaptarse al clima”, Centro de recursos para la adaptación al cambio climático, 12/06/2023
- “¿Qué es la adaptación al cambio climático?”, Agencia Francesa de Desarrollo, 07/11/2022
- “Al menos 50 000 millones de euros anuales de inversión pública que adaptar”, I4CE, Vivian Depoues y Guillaume Dolques, 15/09/2022
- “La adaptación al cambio climático”, Notre environnement, 17/08/2022
- “Dotarse de los medios para adaptarse a las consecuencias del cambio climático en Francia: ¿de qué cifras hablamos?”, I4CE, Vivian Depoues, Guillaume Dolques y Morgane Nicol, junio de 2022
- “Adaptación al cambio climático: definición”, Youmatter, 07/06/2021
- “Forjar una Europa resiliente: la nueva estrategia de la Unión Europea de adaptación al cambio climático”, Comisión Europea, 24/02/2021
- “Estrategia de la UE sobre adaptación al cambio climático”, Comisión Europea, 16/04/2013
- “Estrategia de adaptación de la UE”, Comisión Europea





