Los actores financieros están llamados a convertirse en protagonistas clave de la transición hacia una economía baja en carbono, y aunque las normativas europeas y francesas regulan progresivamente esta transición, los fondos que se comprometen hoy con un proceso de descarbonización obtienen una ventaja competitiva en un sector en plena evolución.
Esta tendencia de fondo se explica por varias razones, empezando por el deseo de limitar la exposición a los diversos riesgos derivados del cambio climático y de la transición de la sociedad hacia un modelo bajo en carbono; pero también por la apuesta por la diferenciación frente a la competencia y la voluntad de responder a las demandas de las partes interesadas (empleados, reguladores, sociedad civil, etc.).
¿En qué consiste el compromiso de un fondo financiero con la transición hacia una economía baja en carbono?

1. Las restricciones normativas: el reporte climático
Las normativas sobre criterios ESG en el sector financiero se han vuelto cada vez más complejas desde el inicio de la década: la etiqueta TECV francesa, el reglamento SFDR europeo, la Taxonomía Verde... ¿Cuáles son las obligaciones actuales para las entidades financieras?
El reglamento SFDR (desde marzo de 2021):
El SFDR exige a los actores del mercado financiero que publiquen cómo tienen en cuenta los riesgos y las "principales incidencias adversas" (principal adverse impacts) de sus inversiones en materia de sostenibilidad.
Con esta nueva normativa, los productos financieros se clasifican en tres categorías que determinan su objetivo de sostenibilidad:
- Sin objetivo de sostenibilidad (artículo 6)
- Con características medioambientales o sociales (artículo 8)
- Con el objetivo de la inversión sostenible, es decir, la inversión en actividades económicas que contribuyen a un objetivo medioambiental o social (artículo 9)
No solo afecta a los actores de los mercados financieros, sino también a todos los inversores institucionales, incluidos las entidades de crédito (bancos, sociedades financieras, etc.) y las empresas de servicios de inversión, que están contempladas en el artículo 29 de la ley de energía y clima, la cual refuerza las disposiciones del SFDR.
La ley francesa de energía y clima también especifica que los actores financieros que posean más de 500 millones de euros en activos gestionados o balance deben publicar información completa sobre:
- los recursos internos desplegados
- la estrategia de alineación climática
- la gobernanza ESG
Para los actores financieros por debajo de este umbral de 500 millones de euros, solo se espera información general sobre la consideración de los criterios ESG y el enfoque global en sus informes de 2022 correspondientes al ejercicio 2021.
Esta información debe condensarse en un informe anual enviado a la ADEME y publicado en el sitio web de la empresa.
Hasta la fecha no se prevén sanciones para las empresas que proporcionen información incompleta, pero la regla que prevalece es la decumplir o explicar, es decir, para cualquier elemento que no se explique, es necesario justificar el motivo. Además, la entidad deberá publicar un plan de mejora continua para presentar sus vías de mejora y el calendario de implementación asociado.
2. Medir el impacto de la cartera en el cambio climático
Cuando pensamos en medir el impacto climático, pensamos en la huella de carbono, es decir, la medición de las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la actividad de una entidad. En el caso de los fondos, existen, por supuesto, emisiones que pueden vincularse directamente a las actividades operativas: el consumo de energía de las oficinas, el combustible para los desplazamientos de los empleados, etc. Sin embargo, la mayor parte de sus emisiones, y la parte más importante de la medición del impacto climático, corresponde a los flujos financieros. Por tanto, es necesario medir las emisiones asociadas a la cartera para evaluar la situación actual y tomar decisiones fundamentadas. ¿Cómo medir las emisiones de los títulos en cartera?
- Medir la huella de carbono de las empresas en cartera en los alcances 1, 2 y 3.
Al conocer las emisiones de toda la cadena de valor de las empresas en cartera, el inversor puede conocer las emisiones que le corresponden. El objetivo es medir las emisiones financiadas a partir de la parte del capital poseída.
Si usted posee el 20% de una empresa que emite 100 000 tCO2e al año (alcances 1, 2 y 3), las emisiones asociadas a esta inversión serán de 20 000 tCO2e.
Dependiendo del tipo de producto financiero, la PCAF, Partnership for Carbon Accounting Financials, ha identificado diferentes tipos de elementos de cálculo. Por ejemplo, para el sector inmobiliario, se calculan las emisiones del edificio multiplicadas por la relación entre el importe pendiente y el valor original del activo:
Emisiones del edificio x Importe pendienteValor original del activo
A continuación, los 6 métodos de cálculo de la PCAF:

The Global GHG Accounting & Reporting for the Financial Industry Standard - Partnership for Carbon Accounting Financials (2020)
https://carbonaccountingfinancials.com/files/downloads/PCAF-Global-GHG-Standard.pdf
- ¿Y si no todas las empresas en las que se ha invertido han realizado aún su huella de carbono?
Algunas empresas aún no han calculado su huella de carbono en los tres alcances, lo que dificulta la estimación de las emisiones atribuibles al inversor. Como inversor, puede solicitar a la empresa que realice su cálculo de huella de carbono, o incluso condicionar sus nuevas inversiones a la realización de un cálculo de huella de carbono en los 3 alcances.
Sin embargo, como primera aproximación, si aún no dispone de información precisa sobre la huella de carbono, los principales datos físicos de la empresa permiten estimar el orden de magnitud de las emisiones. Se puede enviar un cuestionario a la organización para obtener detalles sobre la naturaleza de los flujos físicos. Estos datos pueden complementarse con una estimación basada en los datos contables, pero este enfoque no sustituye en absoluto a un cálculo completo de la huella de carbono.
- ¿Se pueden contabilizar las emisiones evitadas o el “impacto positivo de carbono”?
¿Invierte en energías verdes, financia proyectos con impacto medioambiental y le gustaría contabilizarlos en su impacto de carbono?
Estas emisiones “evitadas” se refieren a las reducciones de emisiones permitidas por la actividad, los productos o los servicios proporcionados por una organización. Estas emisiones se comparan con un escenario de referencia si permiten reducciones fuera de su ámbito de actividad. Por ejemplo, si financia una start-up de bicicletas eléctricas que permite a sus usuarios prescindir del coche y, por tanto, evitar emitir CO2 en sus trayectos diarios, su financiación habrá permitido reducir emisiones fuera del perímetro directo de la organización.
Aunque puede medir estas emisiones, la metodología de la huella de carbono especifica que no se pueden contabilizar en el balance de carbono; es decir, no se pueden restar las emisiones evitadas de las emisiones emitidas.
3. Desarrollar una estrategia baja en carbono
- Fijarse un objetivo alineado con los compromisos del Acuerdo de París
La SBTi, entidad de referencia para los objetivos de bajas emisiones de carbono, publicó en febrero de 2022 una Guía para el sector financiero, que puede consultar en su sitio web.
Para desarrollar un objetivo creíble y cumplir con sus compromisos, puede leer nuestro artículo sobre cómo alcanzar su objetivo SBTi.
- Desplegar su estrategia dentro de su cartera
- Reorientar los flujos. Una forma de descarbonizar las inversiones consiste en reorientar los flujos financieros hacia actividades bajas en carbono o incluso descarbonizantes, que contribuyen a reducir las emisiones de la sociedad. El paralelismo es el "divest", o desinversión en actividades altamente contaminantes, como los combustibles fósiles.
Este enfoque pretende dificultar el acceso al capital a los sectores más contaminantes y, al aplicarlo, los inversores participan en la transformación global de la sociedad hacia actividades con menos emisiones de carbono.
- Condicionar el acceso a la financiación. Muchos actores financieros ya solicitan hoy en día procesos de diligencia debida específicos basados en criterios ESG. Los actores financieros pueden ir más allá utilizando una cláusula climática en la hoja de términos (Term Sheet) y condicionando la obtención de fondos a la publicación de una huella de carbono y una estrategia climática por parte de la organización.
Desarrollar su propia matriz de análisis climático permite diferenciar las financiaciones posibles y elegir únicamente aquellas que se ajusten a sus ambiciones climáticas: ¿tiene la organización un modelo de negocio compatible con un mundo de +1,5 °C? ¿Tiene una intensidad de carbono física y económica menor que la de sus competidores?
- Comprometerse con las organizaciones financiadas. El compromiso de los inversores es una palanca importante para la descarbonización, y pueden ser actores clave en la transición hacia una economía baja en carbono de las empresas. Al proponer estrategias de carbono y exigir seguimiento y resultados en la evolución del desempeño climático, los inversores pueden convertir el clima en un tema central para las organizaciones.
Conclusión
Las finanzas verdes están en el centro del debate con la llegada de nuevas herramientas a su servicio: bonos verdes, fondos verdes, fondos etiquetados... Y en esta tendencia estructural hacia la descarbonización, los inversores pueden anticiparse a los cambios normativos apoyándose en estrategias de inversión que integren plenamente los retos climáticos, como Blackrock, que utiliza sus derechos de accionista para hacer valer sus ambiciones climáticas ante las organizaciones financiadas.
No dude en contactarnos si tiene alguna pregunta sobre las finanzas bajas en carbono.





