Al ser percibidos a menudo como un «mal necesario» por las empresas a las que deben proteger, los propios responsables de prevención HSE a veces se convencen de que su única función es gestionar problemas. Es una lástima, porque al razonar así, las empresas pierden grandes oportunidades. Al no situar la gestión de riesgos HSE en el centro de sus objetivos estratégicos, desaprovechan la ocasión de descubrir mejoras, crear robustez y aumentar la motivación y eficacia de sus colaboradores. En resumen, no obtienen todos los beneficios que podrían esperar.
Un artículo coescrito por:
Bernard Fort fundador de Tennaxia y Laurent Aillet director fundador de Résilience et Adaptation
La gestión de riesgos HSE antes de la pandemia
Por lo general, existen razones inconscientes que explican el rechazo hacia las funciones de gestión de riesgos HSE (Calidad, gestión de riesgos...): nuestra aversión natural al riesgo nos empuja habitualmente a la negación y al olvido. Por ejemplo, ¿quién se sube a un coche pensando que acaba de aumentar sus probabilidades de morir en un accidente grave?
Además, cuando no podemos evitar el riesgo, como nuestro pensamiento no siempre es tan racional como desearíamos, nos tranquilizamos como podemos, incluso recurriendo a dos subterfugios:
- El efecto talismán, donde la simple posesión de un símbolo (por ejemplo, haber nombrado a un responsable de prevención) calma la angustia y lleva a pensar que el riesgo ya no existe;
- El efecto de asociación, que nos lleva a confundir el mensaje con el mensajero, convirtiendo al responsable de prevención en una representación del peligro que, irónicamente, debería evitar, lo que provoca una especie de rechazo instintivo.
Ambos efectos no son tan opuestos como parecen. Contrate a un responsable de prevención, asígnele un despacho con poca capacidad de acción y tendrá a la vez un talismán tranquilizador en sus instalaciones, logrando un control simbólico de sus temores sin tener que enfrentarse a ellos en las reuniones del comité de dirección.
Por último, existe también una lógica totalmente racional para limitar las funciones de prevención en los procesos de toma de decisiones de las empresas. En una economía basada esencialmente en los flujos de intercambio, el stock se convierte cada vez más en un freno a esta aceleración, un obstáculo que debe eliminarse. Pero, ¿qué es la prevención sino valor almacenado para ser utilizado el día del incidente? ¿Cuál es el valor de un extintor (o de una mascarilla sanitaria) en un balance contable en tiempos de calma? ¿No podría invertirse mejor ese dinero en un flujo más rentable para que genere beneficios? Es, por tanto, natural que la tendencia de las organizaciones sea descartar las funciones creadoras de stock en favor de las funciones creadoras de flujo.
En resumen, hasta hace poco, las funciones de prevención se sentían incomprendidas y, a menudo, había razones objetivas para ello: eran recordatorios inconscientes de nuestra fragilidad intrínseca y, por la propia definición de su función, impedían que los flujos funcionaran con rapidez y fluidez.
La crisis del COVID-19
Muchas cosas han cambiado con la crisis del COVID-19. Al igual que la perspectiva de un directivo cambia el día en que se le notifica una responsabilidad legal tras un accidente o recibe un aumento en su prima de seguro después de un incendio grave, la utilidad de las misiones de prevención ha quedado patente: la hipótesis de una crisis mayor se ha hecho realidad, lamentablemente, no solo en la empresa, sino a nivel nacional e incluso internacional. Esto supone un cambio drástico en las valoraciones de riesgo, y pocos gestores de riesgos HSE se habrían atrevido a plantear tal escenario.
¿Qué han hecho concretamente los responsables de HSE desde el inicio de la pandemia?
Al ser una de las pocas funciones totalmente transversales y, a la vez, experta en todos los procesos de la empresa, gracias entre otras cosas a la elaboración del Documento Único de Evaluación de Riesgos (DUER, por sus siglas en francés – Artículo R. 4121-1 del Código de Trabajo), la experiencia y el saber hacer en HSE han sido la base sobre la cual ha sido posible reorganizar la empresa.
Movilizada de forma acelerada y en contacto con la información casi diaria sobre las situaciones de trabajo reales, ha integrado innumerables experiencias para permitir que las empresas sigan funcionando. Por ejemplo,
- reacondicionando los talleres y las oficinas,
- optimizando los flujos de personal, desde los horarios de trabajo hasta el funcionamiento de los aparcamientos,
- organizando el teletrabajo, creando vídeos de bienvenida,
- fomentando la fabricación artesanal de mascarillas,
- reforzando la red informática,
- revisando los flujos de riesgo (gestión de residuos, cambios de turno, contacto con clientes y subcontratistas...),
- redactando nuevos protocolos prácticos y viables,
- revisando el DUER para integrar el impacto de las medidas en otros escenarios de riesgo, etc.
Pero, sobre todo, la función HSE, gracias a su papel transversal, ha mantenido en la medida de lo posible el vínculo social diario entre los empleados, los representantes del personal, la dirección y los mandos intermedios. Gracias a un diálogo fructífero, actores tan desinformados como lo estábamos todos en aquel momento lograron organizarse casi por milagro. De repente, las «reservas» de energía humana y compromiso de la función HSE revelaron su utilidad vital.
Una nueva gestión de los riesgos HSE
El mundo ha cambiado: la función HSE ha pasado del aburrido estatus de identificador de problemas al mucho más envidiable rol de facilitador del trabajo. Es la función que ha hecho posible el trabajo en la mayoría de las empresas durante los últimos meses. Su análisis, su experiencia y su compromiso se han convertido en el salvavidas de organizaciones desorientadas.
¡Tengámoslo muy presente! Es necesario que quienes ejercen profesiones de prevención y de gestión de riesgos HSE se sientan orgullosos de su misión y de su trabajo. Asimismo, es necesario que los directivos consideren objetivamente este papel esencial de los responsables de HSE.
No pensemos que lo que acaba de ocurrir no ha sido más que un bache en el camino y que debemos volver a la preeminencia absoluta del flujo sobre el stock. En primer lugar, porque las consecuencias económicas de la pandemia se sumarán a los efectos sanitarios ya en curso. Y, en segundo lugar, porque esta pandemia bien podría ser la puerta de entrada a un nuevo periodo más tumultuoso: el de los efectos del cambio climático, la desaparición acelerada de la biodiversidad, el fin del petróleo abundante y sus consecuencias potenciales en términos de control y privación de libertades...
Gestionar los riesgos de forma profesional es una necesidad vital. Quienes se anticipan y se preparan para estos desafíos urgentes salen fortalecidos. Desde la primavera de 2020, la función HSE se ha consolidado como una de las claves del éxito empresarial. Es el momento de dotarla de los medios técnicos y de la posición necesaria en las organizaciones para que pueda desarrollar todo su potencial y aportar el valor añadido que las empresas merecen.
Crédito de la foto: Headway




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