Queremos responder a una pregunta que escuchamos muy a menudo en nuestras conversaciones con directivos:«Más allá de mi voluntad personal de luchar contra el calentamiento global, ¿por qué debería comprometer a mi empresa a reducir sus emisiones? ¿Y cómo puedo hacerlo?»
De hecho, cualquier directivo debe preguntarse legítimamente si reducir las emisiones será beneficioso para la empresa que dirige. Sin duda, habrá voces que critiquen este enfoque de «retorno de la inversión» cuando está en juego el bienestar de la humanidad. Pero no nos engañemos: salvo algunas personas muy comprometidas con el tema y cuyas empresas funcionan bien, la mayoría de los directivos apenas dedican recursos a esto hoy en día por 3 razones principales:
- Estas iniciativas se perciben como no generadoras de negocio, altamente consumidoras de recursos y arriesgadas para la competitividad de la empresa.
- Están demasiado inmersos en el día a día.
- Simplemente no saben cómo empezar.
No se les puede culpar, ya que los beneficios de reducir las emisiones apenas se destacan. Sin embargo, si se analiza con detenimiento, comprometerse hoy mismo a reducir las emisiones puede convertirse en una ventaja competitiva crucial para cualquier empresa.
Aquí tiene 5 razones iniciales por las que reducir sus emisiones puede resultar estratégico para su empresa:
1. Para seguir siendo atractivo ante los inversores
Paradójicamente, el sector financiero tiene un papel fundamental a la hora de fomentar el compromiso de las empresas con una economía baja en carbono. Aunque los clichés son difíciles de erradicar y le cueste imaginar a un financiero preocupado por el destino del planeta (en principio, no le falta razón ;)), el mundo financiero está dando un giro radical en lo que respecta al riesgo climático.
Esto se debe a que el compromiso medioambiental tiene un impacto enorme en su cartera de inversiones.

¿Por qué?
1. Recordatorio: Un inversor financiero apuesta por empresas para obtener dividendos y generar plusvalías a partir de su valoración.
2. Dada la importancia crítica del tema, no hace falta ser un genio para entender que la regulación climática se endurecerá y que el consumidor medio preferirá productos y servicios con bajas emisiones de carbono.
3. Conclusión: Cuando un inversor financiero decide apostar por una empresa, le conviene comprobar si esta es capaz de adaptarse a cambios repentinos en la normativa o en el comportamiento del cliente.
Pregúnteles a las aerolíneas, conocen bien el tema :)
Por lo tanto, si dirige una empresa y quiere seguir siendo atractivo para los inversores, demostrar su capacidad para realizar un seguimiento y reducir sus emisiones de carbono debe ser una de sus prioridades (de verdad).
2. Porque sus clientes le presionarán, o simplemente se irán
Los diversos estudios que han surgido recientemente sobre el tema tienden a confirmar nuestra intuición: los clientes se inclinarán cada vez más hacia empresas con bajas emisiones de carbono.

Se presentan 2 escenarios:
A. Sus clientes son empresas
En este caso, la presión de sus clientes variará mucho según el sector en el que opere. Si sus clientes fabrican aviones de combate, es probable que se libre de la presión. Sin embargo, si sus clientes operan en un entorno B2C como el gran consumo, el lujo, la cosmética o el textil, deberá reaccionar rápidamente, ya que los líderes del sector ya están exigiendo cuentas a sus proveedores.
Por ejemplo Zalando o Fnac Darty. Es muy probable que esta tendencia se generalice en la mayoría de los ámbitos, especialmente si están dirigidos al consumidor final o si tienen una alta intensidad de carbono.
B. Sus clientes son particulares
No hace falta extenderse demasiado: las primeras encuestas sobre este tema y el comportamiento de los consumidores en los últimos 10 años son claros: el consumidor preferirá productos sostenibles y con bajo impacto climático.
Esta tendencia lleva 10 años consolidándose, con el auge de lo ecológico, lo vegano, el consumo local, etc. El producto con bajas emisiones de carbono será el nuevo favorito de los consumidores.
3. Gestión de riesgos relacionados con la normativa de carbono
Aquí tiene un pequeño gráfico que resume nuestra situación actual:

Como país anfitrión de la COP 21, Francia aspira a ser un referente y convertirse en el primer país europeo neutro en carbono, al igual que Europa busca ser el primer continente en lograrlo. Sin embargo, a la vista de los objetivos para 2050 y del estado actual de las emisiones, es evidente que vamos muy retrasados.
2 conclusiones que extraer de este brillante análisis:
1/ Si queremos volver a alinearnos con el objetivo de 2050, Europa y sus Estados miembros deberán implementar regulaciones muy estrictas y destinar recursos financieros colosales para apoyar a las empresas.
2/ Si nos rendimos, no tiene sentido darse prisa. Pero el impacto económico derivado del calentamiento global será tan fuerte que a Europa y a sus Estados miembros les seguirá interesando retrasarlo al máximo y, por tanto, implementar regulaciones muy estrictas y recursos financieros colosales para apoyar a las empresas.
En resumen, es absolutamente seguro que la normativa sobre carbono se endurecerá en los próximos años, o incluso meses.
Lo que podemos imaginar como lo más probable en la normativa a corto plazo:
- Obligatoriedad del balance de carbono para todas las empresas
- Frecuencia anual de los informes de carbono (frente a los 4 años actuales)
- Alcance 3 obligatorio para todas las empresas.
- Aumento del impuesto interior sobre el carbono (actualmente congelado tras la crisis de los chalecos amarillos) e introducción de un impuesto al carbono en las fronteras de la UE (MACF)
Bueno, seguramente habrá un periodo de transición para que las empresas se adapten, pero como siempre, quienes se hayan anticipado llevarán ventaja.
4. Reducirá ciertos costes
Invertir hoy es reducir sus facturas de mañana. Si optimiza, por ejemplo, su transporte y su consumo energético, reducirá automáticamente tanto sus emisiones de GEI como sus costes.
Aquí tiene algunas iniciativas bastante eficaces para reducir sus emisiones y sus costes:
- Invertir en el aislamiento de sus edificios
- Invertir en un sistema de climatización moderno y eficiente
- Priorizar la videoconferencia frente a los desplazamientos, siempre que sea posible
- Fomentar el teletrabajo
5. Involucre a sus colaboradores en sus objetivos de reducción de emisiones

Otro comentario que recibimos habitualmente de los directivos de empresas: la presión de los empleados. Dada la importancia y la repercusión mediática actual del tema, es muy probable que los empleados de su empresa hablen de ello entre sí y ya hayan pensado en algunas iniciativas concretas.
Más allá de realizar una buena acción y satisfacer a sus empleados, poner en marcha un proyecto de reducción de emisiones puede resultar un factor de cohesión. De hecho, se trata de una causa transversal a la empresa que puede unir a todos sus empleados y hacer que trabajen juntos en un proyecto común.
Además, y es importante subrayarlo, el calentamiento global es un tema neutral, apolítico y global que afecta a todas las capas sociales. No debería generar divisiones internas (salvo, por supuesto, algunos detractores incondicionales) y le permitirá unir realmente a todo el mundo.
En conclusión:
Si dirige una empresa hoy en día, lamentablemente es muy probable que nada le obligue actualmente a iniciar un proyecto a largo plazo de reducción de emisiones de CO2 a nivel interno.
Es una lástima, y es precisamente por eso que la mayoría de las PYMES o empresas de tamaño intermedio, aunque reconocen el problema, aún no han emprendido medidas reales en este sentido.
Sin embargo, oculto tras el aspecto «sensacionalista» del calentamiento global que nos muestran los medios, se está produciendo una transición masiva en silencio.
Una transición impulsada por 3 motores que tendrán un impacto crucial en su negocio del mañana:
- El mundo de las finanzas, sistema cardíaco del mundo empresarial, que al integrar el riesgo climático en sus modelos ha comprendido que la empresa del mañana será ecológica o no será.
- La normativa, cuyo endurecimiento próximo es una casi certeza. La convención ciudadana está ahí para recordárnoslo.
- Nosotros, los clientes, que adoptamos un comportamiento cada vez más «responsable» favoreciendo a las empresas con bajas emisiones.
Y teniendo en cuenta los eventos climáticos actuales, resulta difícil imaginar cómo podría revertirse la tendencia.
Por ello, aunque nada les obligue, los responsables y directivos de empresas deben tomar conciencia del cambio que les espera en la próxima década y empezar hoy mismo a poner en marcha algunos proyectos fundamentales:
1. Realizar un primer balance de carbono para conocer sus principales fuentes de emisiones.
2. A partir de este balance, definir un plan de acción para la reducción de emisiones.
3. Llevar a cabo un análisis del «riesgo climático» para su empresa.
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