Para las empresas sujetas a la obligación de realizar una auditoría energética, surge una pregunta: ¿cumplir con esta obligación o implementar un proceso de certificación ISO 50001 y así «evitar» dicha auditoría?
Auditoría energética
Introducida por la ley n.º 2013-619 del 16 de julio de 2013 para transponer la directiva 2012/27/UE relativa a la eficiencia energética, laauditoría energética es obligatoria para todas las empresas de más de 250 personas o que superen ciertos criterios en términos de volumen de negocios (superior a 50 millones de euros) o de balance total (superior a 43 millones de euros). La auditoría energética debe realizarse cada 4 años.
La auditoría energética consiste en un examen y análisis de los usos y consumos energéticos con el fin de identificar el potencial de mejora de la eficiencia energética. Las acciones de ahorro energético recomendadas en el informe de auditoría se clasifican según una jerarquía de oportunidades de mejora, distinguiendo las operaciones que presentan un tiempo de retorno de la inversión rápido o más prolongado (entre 1 y 4 años o más).
Estas auditorías pueden ser realizadas por auditores externos cuya competencia haya sido reconocida por un organismo acreditado por el COFRAC, o por auditores internos de la empresa, siempre que estos últimos cumplan con los criterios de independencia y cualificación previstos en el decreto del 24 de noviembre de 2014. La no realización de esta auditoría energética puede ser sancionada con un requerimiento, que podría hacerse público, y seguido, en caso de falta de cumplimiento en el plazo establecido, de una multa administrativa que puede alcanzar hasta el 2 % del volumen de negocios (4 % en caso de reincidencia).
Norma ISO 50001
Publicada en 2011 y revisada en 2018, la norma internacional ISO 50001 está destinada a acompañar y ayudar a las empresas interesadas en implementar un proceso orientado a reducir/controlar los costes y mejorar su rendimiento energético.
Se basa en la mejora continua, principio que se encuentra en otras normas, como la ISO 45001 y la ISO 14001, y constituye una fuente de ahorro energético para las empresas.
La norma persigue los siguientes objetivos:
- Ayudar a las empresas a utilizar de forma más inteligente los recursos existentes que consumen energía
- Promover las mejores prácticas de gestión energética y reforzar los buenos hábitos en este ámbito
- Ayudar a los operadores a evaluar y priorizar la implementación de nuevas tecnologías de alta eficiencia energética
- Proporcionar un marco para fomentar la eficiencia energética a lo largo de toda la cadena de suministro
En términos prácticos, exige la realización de una revisión energética a partir de la cual las empresas definen sus objetivos y metas energéticas.
Esta revisión energética constituye la base de todo el proceso. Su objetivo es:
- identificar los usos energéticos (iluminación, producción de vapor, calefacción, etc.),
- determinar los usos energéticos significativos basándose en el análisis de los consumos y usos de energía
- y jerarquizar el potencial de mejora del rendimiento energético
Las empresas con certificación ISO 50001 están exentas de realizar una auditoría energética, siempre que el alcance de la certificación sea idéntico al cubierto por la obligación de auditoría.
¿Qué pasos seguir?
La revisión energética prevista en la norma ISO 50001 permite realizar un diagnóstico preciso en materia de energía e identificar vías de mejora; por este motivo, el legislador exime de la obligación de realizar una auditoría energética a las empresas que deseen obtener la certificación ISO 50001.
Ante esta situación, algunas empresas se plantean si es conveniente implementar la norma ISO 50001 mediante un acompañamiento ISO para evitar la realización de dicha auditoría energética.
Además, aunque la auditoría energética y la revisión energética no son idénticas, tienen una finalidad similar: identificar fuentes potenciales para optimizar la eficiencia energética de una empresa. Del mismo modo, dado que la información que debe recopilarse (facturas, registros de consumo, contadores, campañas de medición, etc.) es en parte común, es lógico pensar que el valor de ambos procesos para la empresa es comparable. Sin embargo, la auditoría energética y la revisión energética difieren y se basan fundamentalmente en enfoques distintos.
La auditoría permite cumplir con una obligación legal y detectar oportunidades de mejora. No está asociada a un proceso de validación de su pertinencia o contenido. El legislador no ha previsto sanciones por la falta de implementación del plan de acción asociado y, en última instancia, solo impone una obligación de medios y no de resultados. A pesar de ello, la auditoría energética tal como se contempla en el Código de la Energía constituye una radiografía interesante de la situación de la empresa, permite concienciar a los distintos actores (Dirección, Compras, Servicios Generales, I+D, Mantenimiento, etc.) y poner en marcha acciones de mejora.
Por el contrario, la norma ISO 50001 y su revisión energética buscan posicionar a la empresa en un proceso de mejora continua de su rendimiento energético, invitando a las organizaciones a situar la eficiencia energética en el centro de sus prioridades y, por tanto, de su estructura. Para ello, la revisión energética es un proceso periódico e iterativo con una metodología precisa en la que deben definirse hipótesis sobre los consumos futuros. Además, la norma ISO 50001 exige un examen atento de los resultados, lo que supone una pequeña revolución en el ámbito de las normas ISO. Para ello, se solicita a las empresas que definan indicadores de rendimiento energético que deberán revisarse periódicamente y compararse con el consumo de referencia.
En este contexto, comprometerse con un sistema de gestión tipo ISO 50001 implica una voluntad firme y el deseo de desplegar un proceso de mejora en todos los niveles de la empresa (diseño de instalaciones, compra de equipos, etc.) con el fin de estructurar el enfoque y explorar un amplio abanico de mejoras.
La norma requiere más recursos y un mayor compromiso por parte de la Dirección que un diagnóstico energético, e impone acciones regulares y sostenidas. Por tanto, la elección no es realmente tal: las empresas que deseen iniciar un proceso ISO 50001 con el único fin de evitar la auditoría energética reglamentaria seguramente no tengan interés en seguir esta lógica. Por el contrario, la norma ISO 50001 puede constituir una herramienta formidable para integrar el rendimiento energético de forma duradera en las prácticas y la estrategia de la empresa, reduciendo así no solo los costes, sino también la huella ambiental.





